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marzo 8, 2019

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Las mujeres que dejaron una huella en el mundo

Coco Chanel

En tiempos de la Belle Epoque, una diseñadora audaz y con gran iniciativa fue la que marcó el camino de la moda contemporánea. Coco es la única diseñadora de alta costura que figura en la lista de las personas más influyentes del siglo XX.

En plena Primera Guerra Mundial, ella creó una línea de ropa informal, sencilla y cómoda para las mujeres, además de bolsos, perfumes sombreros y joyas que revolucionaron la época. El Tweet ribeteado fue un icono de elegancia femenina y Chanel Nª 5 es el perfume que la lanzó a la fama.

A pesar de ser criada en un orfanato, su determinación y ambición la llevó a presentar creaciones que causaron polémica en ese momento.

Amelia Earhat 

A principios del siglo XX, la aviación parecía ser cosa sólo de hombres. Sin embargo, una joven valiente torció ese destino con determinación. Amelia Earhat solía recortar de pequeña diarios de noticias, en los cuales sobresalían mujeres famosas en actividades protagonizadas por hombres.

A los 10 años, comenzó su pasión por los aviones y en la Primera Guerra Mundial se alisto como voluntaria en enfermería para atender a pilotos heridos en combate. Ya en un espectáculo aéreo pudo pilotear un biplano y eso la terminó abrazando a su pasión por los aviones. De hecho, presidió una asociación de aviación femenina promoviendo esta actividad entre sus pares. Cruzó el Océano Atlántico dos veces, siendo la primera mujer en hacerlo, y dejó una huella en la historia de esta actividad.

Alicia Moreau de Justo

Fue una de las grandes figuras del feminismo de Argentina, ya que a principios del siglo pasado se involucró en los reclamos para lograr más derechos para las mujeres.

En 1902 fundó el Centro Socialista Feminista y la Unión Gremial Femenina, desde donde comenzó su camino para lograr el voto femenino, derechos laborales, salud y educación pública.

Tuvo un fuerte acercamiento con los centros obreros con quienes hablaba de tuberculosis, alcoholismo, sífilis, higiene social y prevención sanitaria. Tras recibirse de médica en la Universidad de Buenos Aires (UBA) comenzó a atender a mujeres de bajos recursos y prostitutas, y más tarde, participó de la “Marcha de las escobas”, que buscaba defender los derechos de los barrios pobres de la ciudad.

Inició una campaña para crear escuelas para inmigrantes y organizó el primer congreso femenino internacional, aunque su gran logro fue reglamentar el trabajo femenino (8 horas diarias y 48 semanales) por medio de la ley 11.317, que amparaba a las embarazadas con licencias y creaba guarderías en los lugares de trabajo.

Alfonsina Storni

Sus poesías y libros le abrieron al mundo una nueva manera de escritura, y si bien fue mesera y actriz en alguna que otra compañía, Alfonsina fue una gran escritora argentina que mostraba rasgos de vanguardismo y sentimientos personales que la diferenciaron de otros colegas. Antes de aquellos, fue una maestra rural en Coronda y la Escuela para Niños Débiles de Parque Chacabuco, hasta que publicó en 1916 una serie de poemas y prosa en la revista La Nota.

En 1920 publicó “Languidez” y cinco años más tarde “Ocre”, que confirmó un cambio decisivo en su poesía. Su temática feminista y amorosa fue impulsada en su obra “Poemas de amor”, donde escribía hacía en primera persona. Siempre mostró su lucha por la igualdad femenina.

 Simone de Beauvior

Una de las escritoras más comprometidas con la lucha de los derechos igualitarios de la mujer fue la francesa Simone de Beauvior, quien a través de sus escritos se atrevió a tocar temas como la despenalización del aborto y las relaciones sexuales.

Escribió novelas y ensayos sobre la política, sociedad y filosofía, que la pusieron en el ojo de la tormenta en las primeras décadas del siglo pasado precisamente por abordar temas “tabú” para la sociedad de aquel entonces. En 1943 escribió “La invitada” en la que describía la relación entre tres personas: por un lado, fue un éxito editorial y pero por el otro, fue denunciada por la incitación a la perversión de personas.

Cleopatra

Más allá de ser diplomática, escritora y comandante naval, esta emperadora egipcia tuvo un rol preponderante en tiempos de la historia donde los hombres parecían ser los únicos protagonistas. De familia dinástica, Cleopatra siempre tuvo en claro cómo y a qué costo tenía que defender a su imperio, e hizo todo lo necesario para llevarlo adelante hasta el momento de su muerte, instante en que Egipto pasó a ser una provincia romana.

Se enamoró de sus enemigos Julio César y Marco Antonio, con quienes tuvo hijos mientras estuvo en pareja con cada uno, y algunos historiadores se atreven a decir que lo hizo para mantener lejos a los romanos de su país, o sea, una suerte de estrategia para evitar ingresar en las guerras civiles romanas de la época.

Su legado hoy en día es gigante, ya que recibió un imperio con hambre y desorden y lo transformó en una potencia del Mediterráneo.

Golda Meir 

Ser Primera ministro de una nación como Israel no es para muchos, y sobretodo, cuando se trabajó mucho para alcanzar la independencia en 1948.

Los inicios de Golda la mostraron luchando por un país propio ante la mirada de las naciones árabes, por eso, antes de todo, fue embajadora en la ex Unión Soviética, ministra de Trabajo, Relaciones Exteriores y del Interior. Esto la llevó a manejar el partido político más importante de su país (primera vez para una mujer), y a ser una catapultadora para la creación del Estado de Israel en 1948, luego de luchar en su juventud contra el antisemitismo y la hambruna de Europa.

Su carácter férreo frente a los hombres políticos le hizo ganar el mote de “mujer de hierro”, nombre que tal vez le dio respeto entre sus compañeros e hizo que lograra los resultados que su país requería para ser lo que es hoy.

Ana Frank

Parecía apenas una niña alemana con ascendencia judía, pero con su diario se transformó en una mujer que llevó a través de sus palabras el miedo,el amor y las sensaciones que puede vivir una persona cuando la guerra está en la puerta de su casa y quiere entrar.

Estuvo más de dos años y medio oculta en un departamento con su familia y otras cuatro personas de la ciudad de Amsterdam, refugiándose de los nazis en plena Segunda Guerra Mundial.

La historia final es conocida, todos terminaron enviados a diversos campos de concentración y sólo su padre, Otto, fue el único sobreviviente. Ana fue derivada a Auschwitz y luego a Bergen-Belsen, donde falleció cerca del fin de la guerra como consecuencia del tifus.

Sin embargo, su legado (en el cual hablaba de miedos, conflictos con los padres, deseos de ser escritora y sentimientos por Peter) quedó vivo gracias la publicación de su padre, quien recibió el libro de mano de sus vecinos y pudo mostrar al mundo los sentimientos de una joven, que pesar de la guerra y muerte, sobresalieron por encima de todo.

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