Detalles del Momento: Donald Trump está perdido

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Una larga lista de personalidades del Partido Republicano tomó distancia de Donald Trump y anticiparon que no votarán por su reelección como presidente de Estados Unidos. Entre ellos, aunque no significa que sean mejores que el emperador de turno, se encuentra el exmandatario George W. Bush, que dijo que no respaldará al actual ocupante de la Casa Blanca, y el senador y excandidato presidencial republicano Mitt Romney, mientras qué, el exsecretario de Estado Colin Powell fue más allá: anunció que el 3 de noviembre pondrá en la boleta el nombre del demócrata Joe Biden.

La ruptura definitiva es consecuencia de una gestión considerada desastrosa por la pandemia y por las protestas tras la muerte de George Floyd y de ahí que el frente anti-Trump entre los republicanos incluye ahora a figuras que ya en el 2016 no se alinearon con el magnate, desde siempre visto con malos ojos por gran parte del establishment del partido.

En este 2020, los republicanos corren el riesgo no solo de tener que ceder la Casa Blanca, sino también el Senado, a los demócratas, renunciando a las prioridades de la agenda conservadora que el magnate, para bien o para mal, en tres años y medio colocó en el centro de la política. Para muchos de ellos, Trump puso el apellido, pero sin representar de ninguna manera los valores partidarios y esa es la razón del repudio de Bush.

Powell, por su parte, primer jefe afroamericano de la diplomacia de Estados Unidos, definió por su parte a Trump como «un peligro para el país» que «se ha alejado» de la Constitución y «miente todo el tiempo». También Cindy McCain, la viuda del fallecido senador John McCain, una de las figuras recientes más queridas del partido, anunció que votará por el candidato demócrata.

Pero además hay muchas personalidades de renombre que antes estaban apoyando abiertamente a Donald Trump, pero ahora se cuentan entre los indecisos, como los expresidentes de la Cámara de Representantes John Boehner y Paul Ryan, la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice y el exsenador Jeff Flake.

Donald Trump es un magnate al que no ahorcan por menos de 5,000 millones de dólares y al que nunca le interesó el sueldo presidencial porque desde el tráfico de influencia que maneja desde la oficina oval tiene cómo multiplicar sus riquezas y para sus efectos ya ha sido señalado por ello.

Donald Trump es un tipo independiente que no le debe favores a nadie y que financió su propia campaña. Se dio el lujo de encogerse de hombros cuando el más emblemático liderazgo de su partido le dio la espalda por sus propuestas locas en el plano internacional, por el pésimo trato hacia las mujeres, por su discurso racista y anti emigrante, por un populismo nacionalista exacerbado que alentó a la población anglosajona a soñar con un súper imperio blanco que políticamente está ya profundamente cuestionado en su sistema democrático y porque además de todo lo anteriormente expuesto el actual Presidente de los Estados Unidos fue designado por un colegio electoral que hizo a un lado más de tres millones de votos que obtuvo la candidata Hilary Clipton por encima del ahora nuevo inquilino de la Casa Blanca y que en la neta, como dicen los mexicanos, se traduce en un fraude.

Hoy por hoy ese sistema de que los votos del llamado Colegio electoral, tengan más peso que el propio voto popular está siendo considerado para una enmienda, sin embargo, la decisión de que Trump sea el presidente de los Estados Unidos corresponde a los ciudadanos de ese país, incluidos a emigrantes latinos que jugando al tonto papel de anglosajones, hasta se lanzaron contra los de su misma raza, pero finalmente es un asunto de ellos y eso se les debe respetar.

Hasta hoy ningún presidente de los Estados Unidos ha querido interesarse por acompañar en su andar a una América Latina que ha realizado y celebrado sus logros desde el bordado de su propio ingenio. Es más, todos los presidentes que antecedieron a Donald Trump lo más cercano que hicieron con nuestros países fue visitarnos, pero con las manos vacías. En este caso Trump fue más específico cuando advirtió que su administración abogaría por una política de no intervención en materia de política exterior con otras naciones, pero ese ofrecimiento se distancia cuando de su propia boca salen ofensas irrepetibles de quien no parece saber el tamaño de la investidura que tiene y por ello nos llama naciones de “mierda” que por ser pequeñas cree que no sabemos de honor, de dignidad y de respeto.

Donald Trump, tiene un serio problema interno que ha dividido políticamente a su país porque el imperio, que en el mapa del mundo pretendió imponerse como el gran regente, el gran policía, se le está viniendo abajo porque ante tanta prepotencia perdió el respeto del planeta que detesta tanta arrogancia e irrespeto de su parte.

Esa bandera de barra y estrellas que caracterizó a esa gran potencia ahora cualquiera la manosea. Los coreanos de Pyongyang se ríen del inquilino de la Casa Blanca, Europa ve por debajo del hombro al gerente de la oficina Oval, los africanos lo ven con indignación y para américa latina, ofendida y maltratada por este tipo, es como si no existe porque hasta naciones como Nicaragua ha recibido de ellos intervenciones, invasiones, dictaduras y asesinatos que nos han lastimado absolutamente a lo largo de la historia y a pesar de ello el imperio en sus expresiones de poder continua en las mismas sin poner detentes a las agresiones contra Cuba, Venezuela y esta nuestra amada Nicaragua.

Donald Trump torpedeó el acuerdo global para que su país se insertara en una estrategia para el cambio climático, decidió por sí y ante sí trasladar a Jerusalén su embajada reconociéndola como capital de Israel lo que no fue aceptado por el mundo y como en la ONU el rechazo fue reafirmado entonces amenazó con retirarle la cuota financiera como igual lo ha hecho con la Organización de Estados Americanos por aquello de que estás conmigo o estás contra mí.

Donald Trump se excluyó de la comisión interamericana de los derechos humanos de las naciones unidas, Donald Trump amenazó a los jueces de la Haya porque estos pedían colaboración de Estados Unidos para averiguar sobre el genocidio que cometieron en Afganistán y suspendió en el actual contexto pandémico la cuota que concedía a la OMS y es el mismo que está demencialmente obsesionado con Cuba, Venezuela y Nicaragua sobre las que interviene y agrede descaradamente.

Donald Trump está obsesionado con levantar su propia muralla mientras en Europa todos los días se celebra la caída del Muro de Berlín. Donald Trump ha avivado el racismo en su país a través de una persecución hitleriana contra los musulmanes, los afroamericanos y los latinos al extremo del renacimiento del ku klux klan que ya se lanza abiertamente contra aquellos que no son anglosajones.

Donald Trump se ha convertido en un presidente que mantiene una relación fatal contra los medios de comunicación a los que combate desde su cuenta personal en Twitter y desde donde se pronuncia con frases impropias de la investidura que tienen. Donald Trump reconoció al reelecto presidente electo de Honduras en un proceso donde la OEA dijo que había que repetir las elecciones, pero el parlamento imperial de Estados Unidos no ha respetado lo que esa misma OEA dijo, al manifestar que las últimas votaciones municipales en Nicaragua no alteraron la voluntad popular.

Nicaragua encuentra en los Estados Unidos a su socio comercial más grande y en consecuencia no podemos evadir nuestra atención de cualquier cosa que pase allá y por mucho que podamos hacer para mejorar nuestras relaciones si el Águila Imperial decide apretarnos con sus garras su intención será la de partirnos la vida. Desgraciadamente en nuestro país hay quienes se alegran porque apuestan a que Trump nos va a dar de trompadas creyendo que el afectado será Daniel Ortega.

Nosotros aquí deseamos una relación armoniosa y de mutuo respeto con los Estados Unidos, no solo comercialmente, sino porque parte de nuestra gente está allá y eso nos hace compartir valores que tenemos que reafirmar enviando misiones que corrijan la imagen distorsionada que los hijastros de Nicaragua han ido a pintar allá sobre una dictadura que no existe y desde la cual dicen lo que quieren y contra quien quieren, desde la cual se movilizan, organizan y se manifiestan a la hora que lo deseen en la medida que lo hagan en el marco de la ley y donde no hay ni perseguidos ni prisioneros políticos, aunque sí delincuentes presos que mataron y torturaron en el intento golpista financiado por ese loco que cabe que el próximo 20 de enero de 2021 tendrá que salir con todas sus desgracias por la puerta trasera de la Casa Blanca.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

Por Moises Absalon Pastora
10 Junio 2020