Emblemática Antigua Catedral de Managua

La Antigua Catedral de Managua o Vieja Catedral de Managua es un edificio de estilo neoclásico; de la ciudad de Managua, capital de Nicaragua que fue dañada por el terremoto del 23 de diciembre de 1972. Su fachada se asemeja a la de la Iglesia de Saint-Sulpice de París, Francia.

La antigua catedral de Managua es uno de los edificios emblemáticos de la capital y testigo mudo de los desastrosos terremotos de 1931 y 1972. La primera piedra de la que sería la Catedral Metropolitana de Santiago de Managua se colocó en abril de 1925; aunque no fue hasta cuatro años después que comenzaron los trabajos para erigir esta monumental obra neoclásica en el centro de la antigua ciudad.

 

El Martes Santo de 1931, 31 de marzo, mientras se levantaba la estructura, un fuerte sismo de 5.8 grados en la escala abierta de Richter sacudió la capital y destruyó no pocos edificios, a la vez que causó la paralización de la construcción por casi medio año. No fue hasta 1934 que pudo concluirse la obra.

Altares de mármol, bellos arcos, vitrales, frescos de destacados artistas, suntuosa decoración, estatuas;  y ocho impresionantes campanas eran algunas de las características del templo, cuyo techo fue diseñado en forma de cruz, el cual puede apreciarse perfectamente desde el aire.

Comenzó entonces a funcionar para las cuestiones que había sido concebida. Durante años ofició misas de manera regular y se convirtió en el centro de la vida religiosa del país. Por supuesto, también fue escenario de tomas y protestas antisomocistas, que denunciaron allí las torturas a que eran sometidos los opositores al régimen.

Todo cambió para la antigua catedral el 22 de diciembre de 1972, así como para el resto del país.

Ese día Managua vivió un terrible terremoto de 6.2 grados Richter que, junto a fuertes réplicas y grandes incendios que le siguieron; redujeron a escombros el centro capitalino, hecho que transfiguró para siempre el trazado urbanístico de la ciudad.

La catedral sobrevivió, pero quedó muy dañada. El reloj de su torre se detuvo justo a la hora exacta del temblor. No volvió a abrir sus puertas.

Hoy una nueva catedral ocupa sus funciones en otro sitio, sin embargo, su portentosa presencia es única e insustituible. Las torres continúan dominando el paisaje y la fachada robándose las miradas de quienes llegan hasta la plaza.