Detalles del Momento: Para cada acción una reacción

la ley es dura, pero es la ley, detalles del momento

No hay la menor duda que los eventos derivados del 18 de abril de 2018 desencadenaron una polarización indiscutible y ponerlo en duda es pretender tapar el sol con un dedo. La polarización conlleva a dos posiciones totalmente extremas que se repelen como el imán o como el positivo contra el negativo y en el plano político se percibe cuando la moderación pierde su espacio mediador en los conflictos.

Un ambiente polarizado, independientemente de qué extremo sea mayoritario o tenga la razón nunca fue ni será conveniente en las ideas que construyen una sociedad porque nos distancia del interés común y por esas mismas razones más allá del dolo moral o económico que hallamos sufrido como consecuencia de los sucesos derivados del 18 de abril lo que más fue afectado fue el proceso de reconciliación sobre el cual habíamos avanzado tanto y que fue diseñado e implementado por el gobierno sandinista a partir de 2007 que retomó el poder para establecer lo que denomina como la segunda etapa de la revolución.

La polarización es cavernaria y no conduce a nada y en lo personal me entristece el retroceso que hemos tenido en materia de reconciliación porque hacerla posible no fue fácil. Requería de una voluntad política franca y sincera para ejecutarla y cuando allá por el 2007 escuché al ya juramentado presidente Daniel Ortega hablar de reconciliación lo tomé con reservas sobre todo porque fui uno de sus más ácidos críticos, pero en la medida que observé que su intención era la de gobernar sin ver atrás y no responder a los ataques de sus enemigos; en la medida que lo miraba construyendo alianzas con los sectores más conservadores del gran capital; en la medida que se reunía con la empresa privada para consensuar estrategias de desarrollo, pero sin dejar a un lado a su base fundamental que es la clase obrera del campo y la ciudad, al extremo de llegar a constitucionalizar un trinomio donde están los empresarios como inversionistas, los trabajadores como como fuerza motriz y el estado como facilitador; en la medida que el gobierno tras declararse cristiano, socialista y solidario lo que perseguía era un planteamiento de democracia incluyente, me convencí que la voluntad de hacer efectiva la reconciliación era sincera.

Mis posiciones pasadas y presentes son un libro abierto y en un país tan chiquito como el nuestro donde todos nos conocemos seria absurdo negar que fui un combatiente a muerte contra las desviaciones políticas de los 80s donde gobernaban nueve cabezas que juntas representaban a un frente sandinista muy diferente al actual.

En aquel tiempo, debo decirlo, por efecto de la guerra en que nos enfrascamos y que nos polarizó totalmente las libertades se fueron al carajo y cabezas calientes aquí y cabezas calientes allá propiciamos un conflicto donde los excesos fueron mutuos pues ahora escucho a muchos supuestos “contras” decir que eran la personificación de la democracia cuando la verdad es que la cúpula de la resistencia, que representaba el pensamiento político de la guerra era un nido de aprovechados y de dictadores que siempre vivió un exilio dorado palaciego lleno de confort mientras los que morían era campesinos a los que poco o nada les llegaba mientras las vacas sagradas se afligían cuando aparecía en el plano internacional la posibilidad de parar la guerra a través de acuerdos de paz que finalmente llegaron a través de Esquipulas II.

Aquella guerra nunca debió haber existido porque nos llenó de odios desde una polarización que todos en mayor o menor medida atizamos y que solo comenzó a desmontarse a partir del 2007 con un proceso que durante once años nos logró acerca porque sandinistas y antisandinistas éramos capaces de cohabitar los mismos espacios, ya no nos importaba que este o aquel pensara como quisiera, nos hablábamos, reíamos, nos visitábamos, nos complacíamos por citarnos en algún restaurante y tomarnos algunas chelas y pasar largas horas hablando de política y de nuestras aventuras, pero como la gente, como personas civilizadas, como profesionales en nuestro ramo y cuando nos despedíamos nos dábamos francamente un abrazo y todo eso desgraciadamente se volvió a ir por efectos de otra guerra, la que pretendió arrebatarnos la paz, la que quiso dar luz verde a la minoría para asesinar a la mayoría, la que se trajo al suelo los niveles de una economía que había vencido a la extrema pobreza, la que quiso imponer el miedo y el terror a base de sangre, de fuego, tortura y mentiras y eso es algo que ya está conjurado pero que está ahí, como animal agazapado, esperando el momento de descuido para lanzarse sobre la víctima.

A mí me duele que hayamos vuelto a la indeseable polarización. Es triste porque evita que corramos con la prisa que quisiéramos y porque tenemos que concluir que hay individuos que con tal de ver sus caprichos realizados, de alcanzar el poder por el poder mismo, no les importe en lo más mínimo destruir el país y es ahí donde salimos al frente, desde las diferentes trincheras, para defender lo que es justo para la mayoría de un pueblo que quiere paz, para trabajar, para salir adelante y para hacer posible sus sueños.

Entiendo perfectamente que mi prosa y estilo editorial -mordaz dicen algunos- moleste por defender los derechos por el planteamiento que hago de mi verdad cuando lo que siento es el proceder siniestro de algunos individuos para amargar la vida a la nación y saben qué en esta realidad polarizada que vivimos me van a seguir aguantando aunque siempre quedaré deseoso de escuchar, ver o leer una respuesta argumentada contra mis posiciones porque hasta ahora quienes me atacan únicamente lo hacen diciéndome que soy un grandísimo hijo de p, que soy una bola de m, que soy un judas, que me van a venir a buscar, que ojalá me muera o cualquier cosa parecida.

Toda esta bajeza, solo propia de las miserias humanas, la dedican los falsos “salvadores de la patria” contra toda persona que no piense igual a ellos, claro a algunos nos la hacen con especial letalidad porque generamos una opinión pública pero son gentes cobardes que cuando a sus insultos y ofensas escuchan castañuelas que no les agradan entonces se muestran ofendidos, se victimizan, se hacen los mártires y se te vienen de frente ignorando que con argumentos, no con vulgaridades, somos capaces de despedazar cada una de sus mentiras.

En tal sentido es bueno recordar que la Ley de Newton nos deja claro que para cada acción hay una reacción y tengan la plena seguridad si a los muchos nos dedican una letra los pocos recibirán una sílaba, que si nos dan una sílaba recibirán una palabra, que si lanzan una palabra, les devolveremos una frase, que si nos envían una frase les mandaremos una oración, que si nos hacen una oración, les devolveremos un párrafo, que si nos dedican un párrafo les dedicaremos una postalita, sino hacen una postalita les dedicaremos un editorial y hasta ahí paro porque ya no tienen capacidad para más.

Y esto no tiene nada que ver con el ojo por ojo y diente por diente, pero si mucho con la sabiduría por encima de la ignorancia, tiene que ver con la razón por encima de la fuerza y hablo de responder con la paz a la guerra, con la vida a la muerte, con amor al odio, con esperanza a la tragedia, con perseverancia a la derrota, con nacionalismo al entreguismo y con lealtad y no traición a la patria.

No venga la cobardía entonces a ponerse como plañideras para que el imperio que los financia se apiade de esos que ya rayaron el disco con el cuento de que son víctimas de una “dictadura” que les permite todo porque la casi totalidad del zoológico oposicionista no es que tenga techo de cristal, el problema de ellos es que no tienen techo y cualquier salivazo que se les lance les parte la madre y están expuesto a que una y otra vez apretemos el divieso podrido que tienen en su historial porque no paren de meter las de andar cuando la verdad es que calladitos mejor se ven pues de esa manera la inmensa cola de dinosaurio que tienen dejaría de zigzaguear dejando el enorme rastro de robos y oportunismos en cada uno de los gobiernos en los que chuparon del erario público.
Lo más cínico de estas miserias humanas que solo saben insultar y ofender, ojalá cuestionaran con fuerza, pero con argumentos, es que se molestan porque uno, para no descender a la pila del estercolero que habitan los bloquea y entonces interpretan que eso es una señal de debilidad de quienes no somos de su misma especie.

Yo a los insultos ni a las ofensas respondo. Tengo la suficiente sabiduría y talento para no rebajar mi dignidad al bajo mundo de los coprófagos. Yo simplemente y con muchísima satisfacción bloqueo la vulgaridad y la mando a la caja de hierro de la libertad de expresión donde bajo cadenas y candados confino la estupidez personificada del oposicionismo.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.