Detalles del Momento: Responsabilidad con la vida

Es inocultable lo que el gobierno del presidente Daniel Ortega y la vicepresidente Rosario Murillo han instruido hacer en el devastado Caribe Norte del país como punto de impacto de los huracanes ETA y IOTA.

Solo la brutalidad humana puede negar lo que es una monumental verdad y es que mientras otros países centroamericanos, que también fueron afectados por los fenómenos climatológicos, pero en condición de tormentas tropicales, no como los huracanes que a nosotros nos pegaron de frente con vientos de más de 220 kilómetros por hora, no han podido mover un dedo para hacer más llevadero el suplicio de sus damnificados, aquí ya hablamos de que todos los servicios prácticamente están restablecidos, que de las 160 mil personas que estaban albergadas, quedan menos de 10 mil, que los que ya están en sus lugares de origen no se fueron con las manos vacías y que las que aún quedan están atendidas porque no están solas.

Mientras aquí en Nicaragua brigadas de todo tipo se tomaron cada pulgada del territorio del caribe norte para llevar alimentos, frazadas, colchonetas, atención médica, medicinas, zinc y materiales de construcción, en otros países centroamericanos gentes que sobrevivieron porque se subieron al techo de sus viviendas para salvar lo único que pudieron, la vida, aun siguen esperando un granito de arroz o frijoles para calmar el hambre que los tortura y ya no hablemos de la sed que padecen, de la insalubridad en que se encuentran, de la oscuridad en la que están y de la intemperie que los calcina por el sol o del frio que los cala por las noches.

Por la gente, nuestra gente, por el nicaragüense que fue estremecido por esta tragedia huracanada se está haciendo y se seguirá haciendo mucho porque debemos corresponder a la confianza del compatriota que cierto de que ha sido afectado en su qué hacer cotidiano observa en el terreno, que más que palabras para endulzar sus oídos y crearles falsas expectativas, lo que hay es una acción visible emanada de una voluntad que inspirada por Dios, en un tiempo no tan distante, sabrá transformar su dolor en esperanza.

Triste y lamentablemente, después de ver como el ETA nos arrasaba con su fuerza, pero con la medalla de no registrar pérdidas de vidas humanas, no pudimos decir lo mismo con el monstruoso IOTA que nos deja, esperando no seguir sumando, 21 hermanos, hermanas, niños y niñas que ya no estarán físicamente con nosotros, pero sí quedarán calados en las huellas destructoras de un evento más de la naturaleza que nos golpea, sí, pero no para vencernos porque la responsabilidad nos ha hecho aprender de ellos para evitar que las pérdidas humanas se cuenten por centenares como sucede en otros países del área centroamericana.

De toda adversidad, de toda tragedia, de cada golpe que se recibe, siempre existirán lecciones que tomar para aprender a fin de no volver a caer en la causa del mal causado y de ahí que me anime hoy a abordar el tema de la “Responsabilidad con la vida” que todos tenemos y este caso el amor por la familia, la razón y el sentido común juegan un papel determinante.

Cuando hablo de la responsabilidad con la vida voy más allá del contexto propiamente dicho del ETA y del IOTA, aunque no puedo dejar de mencionar que las 21 muertes que se producen en el entorno de estos fenómenos naturales pudieron haberse evitado porque fueron producto de la negligencia personal.

Unos por mirandas observando cómo las correntadas socavaban los cimientos de sus viviendas hasta que de pronto se fueron en ellas; Otros en distintos puntos, a pesar de las advertencias, prefirieron quedarse al pie de una montaña subestimando los llamados de quienes una y otra vez les decían que saliera de ahí hasta que los deslaves los sepultaron; A otros se les ocurrió aprovechar que una mina era solo para ellos y en medio de la tempestad le dieron más importancia al oro que a la vida y terminaron soterrados y todo eso contribuyó a la existencia de esas cifras letales y que desgraciadamente se originan en una decisión personal, la de quienes las tomaron y creyeron que estos fenómenos eran una broma y ahora ya no cuentan el cuento, aunque sí otros que gracias a la acción del Ejército de Nicaragua y de la Policía Nacional que actuando como instrumentos de Dios lograron salvar muchas vidas más.

Gracias a ese mismo Dios y al espíritu ciudadano no sumamos a estas 21 personas a 60 pasajeros de un bus que apenas este sábado recién pasado estuvieron a punto de morir por la irresponsabilidad del conductor que quiso cruzar las embravecidas aguas de un río en el departamento de Jinotega y que atiende la ruta rural de varias comarcas en la zona de Apanas.

En esta oportunidad, los pobladores del sector ayudaron a sacar a la gente de la unidad que había quedado atrapada en medio de la poderosa corriente del río que sale del lago Apanás. Ojalá la dirección de tránsito de la Policía, de por vida, le quite la licencia a este irresponsable que debería ser también procesado por tentativa de genocidio y que el MTI sancione también al dueño de la ruta por ponerla en manos inapropiadas.

Muchas veces asumimos, cuando pasan las tragedias que los culpables son los demás y no quienes las provocan. Por ejemplo, cuantas veces nos enteramos de accidentes fatales que suceden en la carretera Managua-El Crucero o viceversa y que quien conduce viene desbocado y chateando, pero a la hora de levantar el croquis el culpable no es el del timón sino la niebla que no lo dejaba ver y al final los regueros de muertos y heridos quedan enmantequillados en el pavimento mientras el culpable, si acaso, apenas recibe una multa y la suspensión de la licencia temporalmente.

Otra noticia que nos consternó en su momento es la quema de una vivienda muy humilde que se volvió más dolorosa cuando nos enteramos que entre las cenizas se descubrieron los huesitos calcinados de unos niños. Los padres que supuestamente andaban trabajando los dejaron encerrados y responsabilizaron por la quema viva de sus hijos a la empresa distribuidora de energía por el corto circuito que inició las llamas, pero la verdad es que los culpables fueron los mayores que los dejaron solos.

Cuantas veces en invierno, como ahora en estos aguaceros que nos han estado cayendo, vemos a chavalitos, muy tiernos, jugando en las correntadas y de pronto ya no están porque el poder de las aguas sucias se los llevó y entonces los padres que no estaban pendientes de sus criaturas dicen que fue la alcaldía la culpable porque no tapó el cauce o en el mejor de los casos que el virus gripal fue el causante de la neumonía que afectó a los niños.

Hace poco tiempo atrás se hizo recurrente la rayería que mató a por lo menos seis personas, casi en una misma semana y cuando se le buscó un patrón previo a la descarga se identificó que jugaban en campos abiertos, que, en plena calle, descalzos, con poca ropa o hablando por el celular, lo que equivalía a ser para rayos humanos, alardeaban como gran cosa su conducta, cuando el sentido común en estos casos llama a guarecerse bajo techo.

La mejor defensa de la vida está en nuestras manos, en la responsabilidad personal que tenemos con lo que solo el Creador nos dio. La vida no es solo lo que me pasa sino lo que puedo hacer que pase en otras vidas sobre las que tengo responsabilidad, pero de las que no soy dueño. Mi vida no está destinada a ser parte de una obra de teatro en la que yo soy el único actor, sino que en mi relación con la sociedad hay otras vidas que, aunque no tengan ningún vínculo conmigo debo proteger.

Muchas de las situaciones negativas que hemos tratado en la vida habrían sido totalmente diferentes si hubiéramos estado mejor preparados mentalmente para asumir la responsabilidad de nuestras propias acciones antes de asumir lo que otros podrían llegar a hacer por nosotros.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

Por: Moisés Absalón Pastora