Viento, sol, agua y volcanes: Programa de Energía renovable de Nicaragua

Un informe de abril de la Agencia Internacional de Energía predice que las emisiones globals de carbono relacionadas a energía se dispararán en 2021.

Podría marcar el segundo mayor aumento anual en las emisiones globales relacionadas con la energía en la historia, impulsado principalmente por un mayor uso e inversión en carbón por parte de EE. UU. y China.

Tales contribuciones a la intensificación del colapso climático impactan más severamente a los países como Nicaragua, que tiene la menor responsabilidad por la crisis. Nicaragua es una de los más países vulnerables al cambio climático, aunque sus propias emisiones solo representan el 0,03% de las emisiones globales.

Las superpotencias contaminadoras han reconocido tardíamente la inmensidad de la crisis y han comenzado alejarse de la dependencia de combustibles fósiles como el carbón. Sin embargo, si su compromiso y acciones corresponderán a su retórica es la principal cuestión que se cierne sobre la COP26 en Glasgow en Noviembre.

En 2007, mucho antes de que la crisis climática fuera reconocida internacionalmente como la mayor crisis a la que se enfrenta la humanidad y el planeta, Nicaragua inició una transición hacia las energías renovables.

El gobierno sandinista, elegido en 2006, se comprometió a pasar de utilizar combustibles fósiles a renovables. En ese momento solo el 25% de la energía generada era renovable, pero a partir de Marzo de 2021, esta cifra es del 75%. Esta “revolución verde” ha sido alabada por el Banco Interamericano de Desarrollo.

Viento, sol, agua, volcanes … y caña de azúcar

De todas las fuentes de energía renovable, el arma secreta de Nicaragua son sus volcanes. La energía geotérmica de una docena de volcanes de Nicaragua proporciona casi una cuarta parte de las energías renovables del país. El resto se produce a través de energía eólica, solar, hidroeléctrica y biomasa, predominantemente un bio-producto de la caña de azúcar.

La “revolución verde” ha llegado a todas las partes del país. Por ejemplo, Solentiname, un

archipiélago ambientalmente frágil en el sur del lago Cocibolca ahora tiene energía solar por primera vez.

Esto significa que la población local puede disfrutar de mucha electricidad y, al mismo tiempo, minimizar los daños a la preciosa flora y fauna de su ecosistema. Llegó como parte de la adhesión de Nicaragua al International Solar Alliance que se compromete a maximizar el uso y acceso a la energía solar, incluida la mejora de las tecnologías actuales.

Esta expansión de las energías renovables ha ido acompañada de una expansión de la red eléctrica, una parte clave del programa de reducción de la pobreza del gobierno, particularmente en las áreas rurales.

A través de la conversión a energías renovables, la reforestación extensa y la educación ambiental en escuelas, Nicaragua está desempeñando su papel en la reducción de emisiones de carbono.

Si el segundo país más pobre de América Latina puede hacer esto, ¿los mayores contaminadores mostrarán el mismo nivel de voluntad política y ambición en el período previo a la COP26?

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