El próximo 21 de febrero se cumplirán noventa y dos años del asesinato del General Augusto C. Sandino, jefe del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, protagonista del proceso político y militar que marcó el rumbo del país entre 1927 y 1934.
Sandino nació el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, en una Nicaragua definida por profundas desigualdades sociales y por la intervención militar estadounidense en su territorio. Ese contexto histórico y social influyó en la formación del primer grupo armado que organizó en 1927 después de rechazar el acuerdo político que establecía el desarme de fuerzas irregulares bajo supervisión externa.
El núcleo inicial de combatientes estaba integrado por un número reducido de hombres provenientes principalmente de zonas rurales.
Con el paso del tiempo esa organización se transformó en el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, organización guerrillera que operó en regiones montañosas del norte y que desarrolló un sistema de columnas móviles, redes de apoyo campesino y enlaces estratégicos que le permitió mantener operaciones prolongadas en condiciones logísticas limitadas.
Entre 1927 y 1933 esa fuerza libró centenares de combates contra tropas imperialistas yanquis y contra la Guardia Nacional de Nicaragua, cuerpo armado organizado y entrenado durante la ocupación.
Los registros históricos mencionan enfrentamientos en zonas como Ocotal, San Fernando, Palacagüina, Somoto, Limay, Las Flores y otros puntos estratégicos de Las Segovias. La dinámica del conflicto no se definió por una sola batalla decisiva sino por un proceso de desgaste militar y político que dificultó la continuidad de la presencia extranjera. El retiro de las tropas estadounidenses el 1 de enero de 1933 señaló el fin de la fase militar principal del conflicto.
Posteriormente se abrió una etapa de negociación entre Sandino y el gobierno encabezado por Juan Bautista Sacasa.
El acuerdo firmado el 2 de febrero de 1933 estableció el cese de hostilidades, la reincorporación gradual de combatientes a la vida civil y el compromiso de respetar el marco constitucional vigente en ese momento.
Durante ese mismo periodo Sandino redactó documentos políticos que sintetizan su pensamiento. Entre ellos destaca el Manifiesto a los pueblos de la Tierra, firmado el 20 de marzo de 1933 en Wiwilí. En ese texto expuso planteamientos sobre soberanía nacional, intervención extranjera, relaciones hemisféricas y la necesidad de articulación latinoamericana.
El 21 de febrero de 1934, después de cenar en la Casa Presidencial en Managua tras reunirse con el Presidente Juan Bautista Sacasa, Augusto C. Sandino fue detenido al salir del edificio junto a varios de sus acompañantes por órdenes del jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García. Esa misma noche fueron ejecutados por miembros de esa fuerza y sus cuerpos enterrados en un lugar que nunca fue oficialmente revelado.
La ausencia de localización precisa generó investigaciones posteriores destinadas a establecer el sitio de sepultura.
En febrero de 2021, durante una conmemoración del General Sandino, la Compañera Rosario Murillo recordó ese trabajo investigativo y afirmó que se evocaban “toda la investigación, todas las búsquedas, todas las excavaciones, y sobre todo, toda la dedicación del compañero Jorge Espinoza Estrada, arqueólogo, historiador, quien ha buscado incansablemente a nuestro General”. También recordó cómo el investigador se dedicó por entero a excavaciones en 1981 junto a otros participantes con el objetivo de localizar restos de Sandino y de quienes murieron junto a él.
La falta de confirmación sobre el paradero del cuerpo se ha convertido en un elemento recurrente dentro del análisis histórico y simbólico de su figura. Diversos estudios y discursos coinciden en que esa circunstancia contribuyó a que su imagen se mantuviera asociada a la conciencia histórica del pueblo más que a un sitio físico determinado.
Su representación iconográfica con sombrero alón, cartuchera cruzada y fusil al hombro se consolidó como una de las imágenes políticas más difundidas de la historia nicaragüense.
Décadas después de su asesinato, su nombre fue retomado por organizaciones políticas que se identificaron con su legado histórico, la fundación en 1961 del Frente Sandinista de Liberación Nacional incorporó su presencia como referencia simbólica y programática, y en 1979 esa organización derrocó al último gobernante de la familia Somoza, estableciendo un vínculo explícito entre el ideario sandinista original y procesos políticos posteriores.
A pocos días de conmemorarse noventa y dos años de su paso a la inmortalidad, la figura del General Augusto C. Sandino continúa siendo objeto de estudio académico, conmemoración pública y referencia política, su trayectoria es analizada en investigaciones históricas, citada en documentos y difundida en plataformas digitales, lo que evidencia que su presencia no quedó limitada al periodo en que vivió sino que pasó a formar parte del repertorio histórico permanente de Nicaragua y del análisis regional sobre soberanía y resistencia.

