Durante más de cinco años, Peter Sutcliffe, conocido como “El Destripador de Yorkshire”, asesinó a trece mujeres e hirió a otras siete en el norte de Inglaterra entre 1975 y 1981 Atacaba principalmente en zonas de prostitución o en calles solitarias de Yorkshire, donde golpeaba a sus víctimas con martillos o destornilladores y luego las mutilaba con extrema violencia.

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Sutcliffe había trabajado como sepulturero y luego como camionero Su entorno lo describía como un hombre silencioso y aparentemente normal, pero él afirmaba que escuchaba una “voz de Dios” que le ordenaba castigar a las prostitutas y cumplir una misión divina Esa creencia delirante fue el motor que él mismo dio a sus crímenes.

La investigación policial fue una de las más grandes de la historia británica, con miles de agentes involucrados y más de 130.000 entrevistas realizadas Sin embargo, la falta de coordinación, los prejuicios hacia las víctimas y los errores en el seguimiento de pistas permitieron que el asesino actuara durante años sin ser detenido Incluso había sido interrogado previamente, pero no fue identificado como sospechoso principal.

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Su captura en enero de 1981 ocurrió de forma casi accidental cuando fue detenido por una infracción de tránsito en su camión En la comisaría, los agentes notaron que coincidía con el retrato hablado del asesino y, tras interrogarlo, terminó confesando los crímenes.

Fue condenado a cadena perpetua en 1981 y posteriormente trasladado a un hospital psiquiátrico de alta seguridad tras diagnosticarse problemas mentales Graves fallas en la investigación y la violencia de sus ataques hicieron que el caso quedara marcado como uno de los más impactantes y controvertidos del Reino Unido Murió en 2020, pero su historia sigue siendo símbolo de los errores policiales y del terror que generó su serie de asesinatos.