El periodista mexicano Fernando Coca Meneses denunció el domingo 24 de mayo durante la presentación de su libro «Balas con remitente» en la feria del libro Acapulco, que el tráfico ilegal de armas desde Estados Unidos es el principal motor de la violencia en México, exacerbada por la permisividad legal estadounidense y la crisis de drogas. 

Coca Meneses afirmó que México no genera la violencia que sufre. Por el contrario, esta es importada por las empresas armadoras, los vendedores y quienes introducen armamento ilegalmente desde territorio estadounidense. 

El autor precisó que el objetivo principal de su obra es exponer el sistema estructural que permite este flujo ilícito. El intelectual indicó que existe una correlación directa entre el aumento de la violencia en el país latinoamericano y el incremento del consumo de drogas en Estados Unidos. 

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Esta situación se agudizó históricamente en la población que retornaba de guerras imperiales como las de Corea, Vietnam o Afganistán, según explicó el periodista.

La relación de Washington con el armamentismo se remonta a la fundación de su nación, a través de la Segunda Enmienda. Esta ley del siglo XVIII, concebida originalmente para repeler al imperio inglés, sigue vigente en la actualidad y fomenta que los ciudadanos acumulen armamento de alto poder, lo que facilita el tráfico.

Coca Meneses relató que los carteles de la droga comenzaron a recibir armas como pago desde la década de 1980.

No obstante, la permisividad estadounidense escaló a partir del año 2000 con la fabricación de rifles de asalto de gran capacidad. Estos sustituyeron los antiguos «cuernos de chivo» por fusiles tipo Barrett calibre 50, capaces de derribar aeronaves.

Frente a la constante injerencia y los señalamientos de la Casa Blanca, el autor denunció el cinismo de las autoridades estadounidenses. Afirmó que lo que ellos critican, también lo provocan internamente, señalando las graves crisis de adicción que enfrentan ciudades como Nueva York, Houston, Miami y Cleveland.

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El periodista denunció que el Gobierno estadounidense critica la producción de drogas en el Sur, pero calla ante la fabricación de sus propias armas. Estas garantizan el poder de fuego de los grupos criminales para traficar sustancias como el fentanilo.

El intelectual subrayó la urgencia de detener el flujo ilegal de armas para frenar la tragedia social provocada por esta industria armamentista. Esta situación ha dejado un saldo de casi medio millón de niños huérfanos en México por la guerra, mientras que en Estados Unidos causa la muerte de 110.000 jóvenes al año por sobredosis.