El Mundial de Fútbol 2026, que comenzará el próximo jueves en la Ciudad de México y terminará en Nueva York el 19 de julio, ha estado envuelto en múltiples polémicas que van desde denuncias por fraudes en la venta de entradas, hasta el impacto de una epidemia y de eventos geopolíticos en su organización.
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Las controversias comenzaron desde que la FIFA decidió que la competencia se realizaría por primera vez en tres países: México, EE.UU. y Canadá; que su duración aumentaría de 29 a 39 días; el número de selecciones participantes, de 32 a 48; y el de partidos, de 64 a 104.

La reventa
Una de las quejas iniciales contra la FIFA la desató el alto precio de las entradas a los partidos, así como la reventa indiscriminada. El incremento es astronómico, ya que el valor de una entrada para la final pasó de 1.600 a 11.000 dólares, entre la edición de Catar 2022 y la de este año.
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Las denuncias provocaron una causa judicial contra la FIFA en las fiscalías estatales de Nueva York y Nueva Jersey, que investigan denuncias de un presunto fraude que derivó en un aumento desorbitado de los ‘tickets’. Uno de los casos más escandalosos fue la reventa de un boleto para la final que se ofreció en 11,5 millones de dólares.

Para contrarrestar los abusos, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, anuncio que sorteraría 1.000 entradas para la Copa Mundial de la FIFA 2026 a un precio de 50 dólares por asiento para residentes de la ciudad, incluyendo transporte gratuito de ida y vuelta al estadio.
Falsas expectativas
Por otra parte, la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos responsabilizo en parte a la FIFA de que no se haya cumplido la expectativa de ocupación por parte de viajeros internacionales, ya que la organización reservó de manera anticipada cientos de habitaciones, pero luego las liberó y el resultado es que el 80 % de los hoteleros no cubrió el cupo de habitaciones que esperaba, dada la popularidad internacional de la competencia.
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Las controversias no paran por todos los frentes. La noticia de que, por primera vez durante la final de un Mundial, que se realizará el 19 de julio en Nueva York, habrá un espectaculo de medio tiempo, similar al que cada año concentra la atención en el Super Bowl, fue criticada por los fanáticos de países que, a diferencia de EE.UU., sí tienen una tradición futbolera y solo quieren que se priorice el partido.

De hecho, ello explica que en EE.UU., en el país en el que reinan el fútbol americano, el béisbol y el básquetbol, el 66 % de las personas no tenga interés en seguir el Mundial de la FIFA, de acuerdo con una encuesta del Pew Research Center.
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Mientras se resolvía el caso del seleccionado persa, México enfrentaba su propio contratiempo con la epidemia de ébola que estalló en República Democrática del Congo, cuyo equipo jugará el próximo 23 de junio contra Colombia en el estadio de Guadalajara. El Gobierno tuvo que detallar las medidas que estaba tomando para prevenir contagios ante la creciente alerta sanitaria.

Pero lo que verdaderamente preocupa en México es la seguridad. La inicial ola de violencia que provocó en febrero pasado la detención del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, alias ‘El Mencho’, puso en duda la capacidad de este país para albergar el Mundial sin contratiempos. Las dudas recrudecieron en abril, cuando un hombre tiroteó a turistas en las pirámides de Teotihuacán.
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Por ello, la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que garantizar de manera reiterada que la competencia se realizará en un clima de paz y con una organización ejemplar, premisa que no comparten los habitantes de la Ciudad de México, que se quejan de las obras inconclusas con miras al Mundial y que afectan a diario el transporte público.

