Los mas de 1.200 muertos en Bélgica durante la ola de calor desatan una tormenta política de grandes proporciones debido a las crecientes denuncias de la oposición sobre la inacción absoluta de las autoridades federales y regionales.
El informe provisional emitido por el Ministerio de Salud belga y el Risk Management Group registró un exceso de mortalidad del 39 por ciento entre el 18 y el 29 de junio, consolidando un total de 1.222 fallecimientos adicionales directamente atribuidos a las altas temperaturas que rozaron los 40 grados.
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La falta de planes de contingencia estructurales provocó que casi la mitad de las víctimas, unas 530 personas correspondieran al sector de la tercera edad con mas de 85 años, situando esta crisis social como el pico de letalidad diaria más alto en la nación europea desde la emergencia sanitaria de la COVID-19.
El escenario de desamparo popular se extiende hacia el territorio de Francia, donde el incremento de las temperaturas hasta registros historicos provocó el cierre preventivo de 1.352 escuelas básicas y colocó a más de 39 millones de personas en una situación de alerta roja climática extrema.
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En medio de esta sofocante ola de calor que azota al continente, mueren dos niños de dos y cuatro años en Francia, quienes fueron dejados en un automóvil en la localidad sureña de Carpentras.
Los dos infantes quedaron atrapados dentro del vehículo familiar expuesto a la radiación solar directa, perdiendo la vida tras sufrir una parada cardiorrespiratoria por golpe de calor antes de la llegada de las brigadas de auxilio y bomberos de la zona, una tragedia que incrementa la indignación popular sobre las deficiencias de resguardo a los sectores más vulnerables.
El presidente del Partido Socialista francófono en Bélgica, Paul Magnette, denunció que los ciudadanos fueron literalmente abandonados a su suerte por un Gobierno que calificó de incapaz de coordinar ministerios, mientras altos funcionarios como el ministro de Defensa, Theo Francken, trivializaban la situación en redes sociales.
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El impacto desproporcionado de las muertes en los países centrales de Europa occidental pone en evidencia las consecuencias directas de la emergencia climática global en poblaciones que carecen de una política de protección colectiva estatal, forzando a los sindicatos y movimientos de base a exigir responsabilidades civiles inmediatas ante los parlamentos por los daños humanos derivados del abandono institucional.
Autor: teleSUR: lf – RR
