Una familia nepalesa que perdió a varios miembros por ataques de un elefante salvaje —Dhurbe— sigue siendo perseguida por el animal 14 años después, informa The Kathmandu Post.
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El residente local, Shanichara Bote, relató que, en 2012, el enorme animal pisoteó a sus padres hasta matarlos en un bazar en el municipio Madi. Tras aquella tragedia, el hombre dejó atrás toda su vida para escapar de la constante amenaza de la invasión de la fauna salvaje. Sin embargo, el pasado domingo, Dhurbe irrumpió en la nueva casa de la familia. La nuera de Shanichara, Ashika Bote, de 25 años, y a su nieto, Bharat, de 4 años, murieron en el ataque.

«Originalmente vivíamos en Dropatinagar, en la zona de Madi, pero el terror constante de los elefantes salvajes nos obligó a vender lo que teníamos y emigrar a Jagatpur», indicó al medio. «Creíamos que cruzar los ríos principales nos mantendría a salvo. Pero después de tantos años, el mismo elefante nos encontró de nuevo, asaltó nuestra casa y se llevó a mi nuera y a mi pequeño nieto. Ya no tenemos adónde huir», detalló.
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«Durante la noche, sentí como si algo golpeara contra la pared. Cuando salí a mirar, vi al elefante«, recordó el hombre, señalando que «los muros de barro se derrumbaron al instante» y añadiendo que su nuera salió con su nieto en brazos, pero el elefante los interceptó. Mangali, la esposa de Shanichara, logró ahuyentar al animal prendiendo fuego a la paja seca de su porche, lo que accidentalmente incendió su casa, pero salvó a los demás miembros de la familia. Tras el ataque, los indignados vecinos bloquearon un puente sobre el río Rapti para protestar contra la negligencia de las autoridades.

Historial de violencia de Dhurbe
El historial de violencia de Dhurbe está bien documentado en los registros del Parque Nacional de Chitwan, la primera área protegida del país. Los conservacionistas explican que, cuando los elefantes jóvenes alcanzan la madurez, los machos dominantes los ahuyentan agresivamente de sus manadas maternas, obligándolos a llevar una existencia solitaria y frecuentemente hostil. Dhurbe siguió exactamente este patrón de comportamiento, convirtiéndose en un vagabundo solitario que cada vez más consideraba los asentamientos humanos como zonas de alimentación.

Según los expedientes oficiales del parque, el elefante comenzó a atacar asentamientos humanos y a causar víctimas mortales en 2010. Desde entonces, ha sido directamente responsable de la muerte de al menos 25 personas en toda la zona. Entre sus numerosas víctimas, se encuentran dos militares que prestaban servicio en la lucha contra la caza furtiva y en tareas de seguridad del parque.
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Tras la muerte de los padres de Shanichara, se emitió una orden ejecutiva formal para localizar y sacrificar al elefante. A continuación, se llevó a cabo una intensa búsqueda, que duró dos semanas, por parte de militares y conservacionistas en los densos bosques de Chitwan. Las autoridades del parque y el Ejército dispararon contra el animal en dos ocasiones distintas a finales de diciembre de 2012, hiriéndolo gravemente. Sin embargo, el elefante logró escapar adentrándose en la selva y, en 2019, expandió su territorio.
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A pesar de que las autoridades lograron desde el principio colocarle al animal collares que seguían sus pasos, las comunidades locales argumentan que el sistema de rastreo presenta peligrosas deficiencias operativas. «Este animal sigue un ciclo natural y regresa a las aldeas todos los años, lo que significa que su presencia era totalmente predecible para las autoridades del parque», dijo un lugareño. Mientras, desde el parque se han comprometido a confinar permanentemente a Dhurbe dentro del sector forestal de Sukhibhar, y han prometido mejorar su infraestructura con collares de seguimiento por satélite en tiempo real para prevenir futuras bajas.


