Las revoluciones generalmente son violentas en la búsqueda de transformar el poder político y la sociedad de raíz. Las revoluciones entonces generan choques profundos porque de por medio hay intereses de dominio que se han sostenido por tiempos tan prolongados y arraigados que crearon sistemas concebidos para ser eternos en el tiempo y en consecuencia no ceden sus privilegios de forma pacífica.
Por supuesto que en sistemas de gobierno que hacen de su sistema político un mecanismo de dominación, explotación y represión lo que hacen es crear condiciones de rechazo cuando las vías cívicas a través de las protestas se cierran a los pueblos que identifican en los mandamases a dictadores que se hacen rodear de élites obviamente privilegiadas que son la base de una enfermedad cancerígena a la que hay que extirpar por la vía armada como única vía posible.
Las revoluciones surgen en consecuencia por el irreconciliable enfrentamiento con el gobierno y con el tipo de sociedad concebida desde la desigualdad social, donde únicamente pocos tienen mucho y la inmensa mayoría sufre grandes precariedades como la negación económica en el hogar por la falta de trabajo, por el alimento que no llega al hogar, por altos impuestos, por la educación y salud que no existe y claro la falta de libertades, el derecho a elegir, la ausencia de la libertad de expresión, pensamiento y movilización y lo peor, la reacción ya no solo represiva contra quienes demandan la libertad como parte de la naturaleza que exige el ser humano, sino que además la respuesta de la dictadura y sus verdugos responden con la cárcel o el asesinato para seguirte dominando y sometiendo en defensa de sus intereses de poder.
Todos estos factores son los que crean condiciones políticas y sociales que son las que propician un cambio radical para acabar con la desigualdad social en la que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres por la existencia de leyes que obligan a las personas a obedecer sin conferirles derechos y es cuando los pueblos ya no soportan el martirio y deciden tomar el control por la fuerza para cambiar el sistema y eso fue lo que comenzó un día como hoy hace 47 años cuando el dictador más criminal y corrupto que haya existido en américa latina y Nicaragua, Anastasio Somoza Debayle, el último marines y el último de la dinastía, huyó de Nicaragua vencido por el pueblo que tuvo por vanguardia al Frente Sandinista de Liberación Nacional.
La revolución nicaragüense de 1979 fue indudablemente violenta, tiene su origen en 1961 con la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que surge inspirado en la gesta nacionalista y antiimperialista de Augusto Calderón Sandino para derrocar a la dictadura de la familia Somoza, que controló el país por 43 años mediante los Garand de la GN, la guardia pretoriana del tirano.
Los Somoza tomaron el poder con el primero de ellos, Anastasio Somoza García, en 1936. Desde entonces lo que fue un régimen sangriento violó los derechos humanos, robó los recursos del país, trajo la ocupación de Estados Unidos entre 1927 y 1933 y esto inspiró a los que tomaron el ideario de Benjamín Zeledón y Augusto C. Sandino a tomar las armas décadas después y ponerse al frente de la revolución que arriba este 19 de julio a sus primeros 47 años.
Nuestra revolución fue violenta. Hubo una guerra insurreccional de todo un pueblo contra la dictadura que en su última etapa duro 20 años desde la montaña y la clandestinidad hasta que llegó a los barrios, a los municipios y cabeceras departamentales con el fin de voltear, como si se tratase de un calcetín, la historia escrita con la sangre de miles de inocentes hasta ese momento para poder vivir hoy en la PAZ que nos ha transformado a todos la vida.
47 años después de la revolución del 19 de julio de 1979 no pocos medios internacionales y afamadas revistas especializadas en determinados temas han exaltado nuestros modelos para aplicar políticas de impacto profundo con incidencia integral en nuestra sociedad en todos los sentidos. Por ejemplo nos destacan en primera línea en equidad de género; nos reconocen delante de muchas potencias en el mundo en cuanto a cómo logramos evitar que la pandemia nos afectara en la misma medida que lo hizo en países desarrollados, gracias al sistema de salud que tenemos y que además es gratuito; reconocen que somos el país de la región centroamericana con las mejores carreteras y además nos ubican como quintos en América Latina; se sorprenden porque logramos cambiar la matriz energética y tenemos energizado al país con el 99.6% de cobertura; en el istmo centroamericano nos refieren con las mejores instalaciones deportivas; productivamente somos el granero de todos nuestros vecinos en la región y de la misma manera tenemos la mejor carne de exportación y hemos sido distinguidos como el pueblo número “1” en el mundo que siente que vive en PAZ y todo eso es gracias a los niveles de orden y seguridad en los que también tenemos mucho que decir.
¿De qué nos preciamos los nicaragüenses por nuestra revolución? Los que amamos a nuestro país de muchas cosas, pero fundamentalmente de conocer nuestra historia y creo que ahí está la clave de la república que tenemos hoy.
Aquel pensamiento de que “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, es prácticamente anónimo, pero el significado que encierra es magníficamente sabio porque los seres humanos parecemos siempre estar dispuestos a repetir constantemente las mismas pifias sin aprender de ellas.
La historia de los pueblos y la propia humanidad la podemos conceptuar como una industria de errores repetidos constantemente. Podemos saber de lo letal y dañino de una guerra, podemos tener plena conciencia de cómo iniciarla y esto puede ser un ciclo que va y viene, pero volvemos a patinar siempre con la certeza de nunca saber cómo terminará nuestra terquedad. Así somos la mayoría en este mundo, pero menos mal que ya nosotros venimos de vuelta y que una gran verdad es que una ínfima minoría nunca podrá esclavizar a la gran mayoría.
Observen ustedes, a propósito de la crisis económica que hoy vive el planeta, que no aprendimos de lo que el mundo capitalista hizo allá por 1930, la gran depresión, porque en el 2009, con diferentes matices, en esa oportunidad desde el bisne inmobiliario y bancario, el capitalismo salvaje la volvió a hacer y quien la sufrió fue el ciudadano de la calle en todo el orbe, porque los corbatudos, los pescuezones, banqueros que la originaron ni la sufrieron ni la pagaron y esta no fue lo último porque ahora mismo la guerrita que se tiene la llamada “democracia occidental” contra Rusia; la que promueve desde Israel contra Palestina y la que empuja con Taiwán tocándole los testículos al Tigre asiático, del que es parte y no ajeno, reedita algo que será la consecuencia de lo que tanto se viene hablando, otro colapso económico mundial.
En el ámbito europeo no han sido pocos los que han intentado sin éxito sojuzgar naciones a través de crueles guerras con fines de ocupación y con costos letales para pueblos que fueron literalmente arrasados o de civilizaciones que fueron extinguidas. Así por ejemplo el “Gran Alejandro Magno” a quien la historia nos lo refiere como un super general con capa de héroe viajó por toda Asia para anexionarse un buen número de territorios. Otros como el Imperio Romano, el francés con Napoleón Bonaparte e incluso el dictador alemán Adolf Hitler también lo intentaron, pero claro, sin éxito.
¿Por qué pasa esto? ¿Qué habita en la mente del ser humano que lo conduce tan repetida e insistentemente a darse con la misma piedra y reeditar errores pese a conocer su futilidad?
Creo que la falta de memoria histórica es la raíz para comprender el desatino de la ignorancia y digo ignorancia porque esta es carencia de conocimientos o información, a nivel general o particular y nosotros los nicaragüenses que venimos de vuelta, que tenemos plena conciencia de nuestras distancias y controversias, desde que somos nación independiente, que sabemos porque ya fuimos muchas veces a la guerra contra el invasor y sus vende patria, sabemos perfectamente la complicidad que tiene la ignorancia con aquellos que son enemigos de la PAZ que ahora tenemos.
“Daría la mitad de mi fortuna por un minuto de PAZ –dijo una vez un multimillonario- y es que sin PAZ se puede tener todo, menos felicidad que es la búsqueda constante de la humanidad. Solo con PAZ somos imperturbables, es lo único que frente a los grandes retos nos puede generar la serenidad inquebrantablemente para sostenernos ante cualquier amenaza y el nicaragüense de hoy, el que ama a su país y quiere crecer junto a él, puede dar lecciones de estoicidad al más pintado porque fuimos y venimos de la guerra para establecer y defender la PAZ porque sabemos que ella no tiene precio.
Los hedonistas, los que en su doctrina sostienen que la finalidad humana es solo el placer en todos los sentidos, piensan que la PAZ es una mercancía cuyos ingredientes básicos son la seguridad y el bienestar y si entonces quieres PAZ ellos te venden alarmas, seguros de vida, pólizas contra robos e incendios, chequeos médicos y hasta hermosas playas solitarias dónde dicen se respira PAZ y eso no está mal porque pueden ser caminos sobre donde seguramente transita la PAZ, pero la PAZ que los hedonistas proclaman es la PAZ sin dolor y ahí es cuando difiero.
Los cristianos tenemos una visión diferente. La PAZ que buscamos no es ni sólo interior ni sólo exterior. No es mercancía que comprar, pues la PAZ no tiene precio; para nosotros la PAZ es un don; un regalo que Jesús da a sus discípulos: «La PAZ os dejo; mi PAZ os doy». La PAZ es algo muy íntimo, capaz de desafiar cualquier circunstancia externa y es ahí cuando indigna ver a profesionales de la fe desdiciendo de la PAZ porque cuando luchamos por ella experimentamos dolor para alcanzarla y cuando la perdemos por culpa de la ignorancia nos duele más porque la tuvimos y la dejamos ir por el capricho de la miseria humana.
La PAZ que da Jesús está tejida de fe, de confianza, de aceptación de la propia vulnerabilidad, de perdón dado y recibido, porque siendo el perdón hijo de la PAZ, va y viene en dos vías y aceptarlo así engendra PAZ porque, en el fondo, ordena el corazón: restablece equilibrios perdidos y pone de nuevo cada cosa en su lugar y eso precisamente eso es lo que venimos haciendo desde el 2007 en este país buscando a través de la PAZ una reconciliación que solo algunas personas no aceptan porque sus vidas son un conflicto, una guerra interna movida por odio.
Nicaragua hoy vive sin miedo al qué dirán, está orgullosa del esfuerzo de quienes le amamos, a pesar de los obstáculos sabe que lo estamos logrando porque de otra manera no podría tener PAZ sin salud, sin educación, sin caminos, sin carreteras, sin apoyo para emprender, sin luz, sin agua, sin universidades o carreras técnicas, sin solidaridad humana, sin programas de apoyo, sin seguridad, sin orden.
Todo esto es lo que los copresidentes nos recuerdan siempre porque antes no lo teníamos, porque antes vivíamos con al menos medio siglo de atraso y aunque en medio de nuestro notable crecimiento ya Nicaragua es un referente mucho más calificado, incluso, que grandes potencias económicas, aunque claro, reconocemos también que nos hace falta mucho y que por eso mismo nuestra principal agenda es y será siempre vigilar y cuidar la PAZ que tenemos.
La PAZ se cuida siendo celosos guardianes de ella. Durmiendo con un ojo cerrado y otro abierto. Siendo vigilantes de aquel necio que siendo cualquier cosa crea que su derecho está por encima del derecho de la inmensa mayoría de los nicaragüenses. Recordemos que cuando nos llegó el 2018, por acostumbrarnos muy cómodamente a gobernar en PAZ, fuimos sorprendidos por ese odio encapsulado que nos agarró sobrados de confianza.
Aquello ya sabemos en qué resultó. Fue tan descomunalmente asesino que es legítimo recordarlo todos los días para no volver a vivirlo porque nos representó la muerte, el espanto, la quiebra, la distancia entre las familias y casi, casi, la destrucción total de una economía de la que siempre me pregunto; ¿y a dónde estaríamos hoy de no haber pasado aquel fallido y criminal golpe de estado?
La PAZ por no tener precio es más cara que todo el oro y los diamantes que en el mundo puedan existir. Nosotros la tenemos, luchamos por ella, la conquistamos y hoy no la dejamos de defender nunca.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
