Grecia atraviesa una severa y prolongada ola de calor que llevó los termómetros hasta los 41.5 grados en varias regiones, registrando sensaciones térmicas extremas de hasta 48 grados en localidades como Preveza.
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Las extremas condiciones climáticas se agravan por el impacto de la crisis ambiental global, afectando principalmente a la península del Peloponeso, la capital Atenas y diversas zonas montañosas y continentales del país.

Ante el inminente peligro, los servicios de Protección Civil declararon la alerta de «muy alto riesgo de incendios» el segundo nivel de mayor severidad en la escala nacional para regiones estratégicas como la capitalina Ática, la isla de Eubea, Beocia, el Peloponeso, las islas Cícladas y el Egeo oriental.
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Las previsiones meteorológicas advierten que la presencia de fuertes vientos del norte incrementará la propagación del fuego durante las próximas jornadas.
En el marco de la emergencia climática, alrededor de 70 bomberos, apoyados por 22 camiones hidrantes, tres aviones cisterna y un helicóptero, combaten activamente dos incendios forestales de gran magnitud en la región norteña de Kilkis y la meridional de Élide.
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Aunque por el momento los focos no amenazan directamente zonas pobladas, las brigadas de emergencia mantienen un despliegue permanente para contener el avance de las llamas.
En lo que va de año, más de 30.000 hectáreas fueron calcinadas en territorio griego, en su mayoría a causa de los destructivos siniestros registrados a finales del mes de julio al oeste de Atenas y en la isla de Creta.
Este embate ambiental dejó un trágico balance de once personas fallecidas, entre ellas cuatro bomberos que perdieron la vida en el cumplimiento del deber.
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Los movimientos sociales y comunitarios señalan que estos desastres evidencian la vulnerabilidad del ecosistema mediterráneo y la urgencia de fortalecer la protección civil frente a las consecuencias del modelo de desarrollo capitalista sobre el planeta.
