Lo que debía ser una cómoda sesión de tatuaje a domicilio se convirtió en una trampa mortal para Yenifer García, una mujer de 33 años que murió en la localidad colombiana de Rafael Uribe Uribe, el pasado 15 de agosto.
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La mujer falleció mientras se realizaba la tercera sesión de un tatuaje en la espalda y parte de los glúteos.

Aunque en las dos primeras sesiones consiguió aguantar sin fármacos, optó por pedir anestesia para resistir el intenso dolor que experimentaría en la parte baja de la espalda. La familia asegura que pagó 600.000 pesos colombianos (cerca de 200 dólares) por ese servicio adicional, precisó El Espectador.
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Según recoge El Colombiano, la mañana del 15 de agosto llegaron a su hogar el tatuador y un acompañante, que se presentó como anestesiólogo. Ambos portaban una camilla, un equipo de oxígeno y diversos insumos médicos.
La familia de Yenifer García reconstruyó la sedación a domicilio por la que ella pagó para un tatuaje en casa. Salud confirmó que quien habría aplicado los medicamentos no era anestesiólogo, quien la suministró figura como auxiliar de enfermería. El caso abre el debate sobre el… pic.twitter.com/fKjvku7ZVB
— El Espectador (@elespectador) August 25, 2026
La anestesia en el centro de las pesquisas
La expectativa inicial era la aplicación de anestesia local, pero el método empleado fue sedación intravenosa. «Le dijeron que estuviera tranquila, que iba a estar despierta», relató una de las hijas de la víctima a Caracol Radio.
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Sin embargo, según avanzaba la sesión, García pasó de estar despierta y conversar a caer progresivamente en un profunda sueño. Ante la escena, la hija llamó a emergencias, desde donde dieron indicaciones al tatuador y al asistente para realizar maniobras de reanimación hasta que llegaron los sanitarios, pero el auxilio no logró que le salvaran la vida.

Tras el suceso, la familia encontró una caja de Ketamin-50, un frasco de Dormicum (cuyo principio activo es midazolam), una jeringa marcada con dicha sustancia, un polvo estéril para solución inyectable y un tapón de heparina.
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Según el marido de la víctima, Jonathan Cantor, una profesional sanitaria preguntó durante la emergencia por los fármacos administrados y el asistente mencionó una dosis inicial de ketamina, otra adicional y también cinco medicamentos administrados o mezclados.

¿Anestesia para animales?
Claudia García, hermana de la víctima, explicó a Caracol Radio que la fallecida había accedido a los servicios anestésicos por recomendación de una amiga.
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«La amiga tenía a alguien allegado a ella y le ofreció el servicio de él», explicó. Al parecer el hombre habría inyectado a la paciente cada vez que refería que seguía sintiendo dolor.

«Tengo entendido que no le puso una sola vez, sino cada vez que ella decía que le seguía doliendo. (…) Solamente se encontraron como dos clases de medicamento, y él dijo que solamente había puesto uno, que dicen que con eso se procesa el tusi [cocaína rosa]. O que eso es anestesia ya para animales«, relató la hermana.
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La Secretaría de Salud de Bogotá verificó en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud que el supuesto anestesista no era tal, sino que figura como técnico laboral auxiliar de enfermería, por lo que no estaba capacitado ni acreditado para esas labores. Todavía no ha trascendido su identidad.
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Yenifer García trabajaba en labores relacionadas con la costura. Tenía tres hijos, de 19, 14 y 10 años, y llevaba más dos décadas en pareja con el padre de los niños. Planeaba realizar el mes que viene un viaje familiar a San Andrés para celebrar los 15 de su hija mediana.


