El vendepatria Emiliano Chamorro Vargas perdió las elecciones presidenciales de 1924 en Nicaragua, pero su derrota no puso fin a sus ambiciones de poder. Ese mismo general conservador, que ya había sido presidente de nuestro país entre 1917 y 1921, decidió dar un golpe de Estado contra el también presidente conservador Carlos José Solórzano y su vicepresidente liberal Juan Bautista Sacasa, llevándolo a cabo el 25 de octubre de 1925, mediante la toma del cuartel militar de la Loma de Tiscapa, fortaleza situada en un punto estratégico de Managua, encargada de proteger la Casa Presidencial, donde se encontraba la sede del gobierno, por lo que su golpe a la Constitución fue conocido históricamente como «El Lomazo de Emiliano», que dejó al mandatario de turno sin el control del poder y lo sometió a presiones que terminaron arrebatándole la Presidencia, apenas unos meses después de haber asumido el cargo para el período comprendido entre 1925 y 1929.
La aplastante derrota electoral sufrida por el general Chamorro había ocurrido frente a una alianza promovida por el presidente saliente Bartolomé Martínez, también conservador, pero enfrentado políticamente al sector de Emiliano, por lo que buscó reunir a liberales y conservadores en un mismo gobierno para reducir los enfrentamientos entre ambos partidos. Carlos José Solórzano representaba al Partido Conservador Republicano y Juan Bautista Sacasa al Partido Liberal Nacionalista, en tanto Emiliano encabezaba la candidatura del Partido Conservador Genuino, acompañado por Julio Cardenal Argüello. La fórmula vencedora asumió la Presidencia el primero de enero de 1925, pero el resultado encontró la resistencia del candidato derrotado, quien denunció un supuesto fraude electoral y aseguró que 33 de sus partidarios habían perdido la vida durante la contienda.
En sus propias memorias, publicadas con el título «El último caudillo», el golpista Chamorro reconoció que después de su derrota electoral comenzó a preparar el derrocamiento de Solórzano, dejando atrás la disputa en las urnas para organizar una acción armada contra un gobierno que había recibido el mandato de conducir Nicaragua durante cuatro años.
La conspiración avanzó después de que las últimas tropas estadounidenses se retiraron de Nicaragua el 25 de agosto de 1925, circunstancia que Chamorro aprovechó para tomarse, dos meses después, la fortaleza de Tiscapa, apoderarse del armamento y asumir el control del Ejército, expulsando a los liberales del gabinete y sometiendo al mandatario a sus decisiones. Aunque el golpe militar ya se había ejecutado, Solórzano permaneció formalmente en la Presidencia, reducido prácticamente a un presidente decorativo, sin autoridad para gobernar libremente, porque Emiliano Chamorro controlaba las armas y ejercía sobre él presiones que finalmente lo obligaron a presentar su renuncia en enero de 1926.
La persecución alcanzó también al vicepresidente Sacasa, quien tuvo que esconderse y posteriormente abandonar el país por amenazas contra su seguridad.
Chamorro quería atornillarse en el poder y sabía que las armas no eran suficientes, por lo cual intentó impedir que Juan Bautista Sacasa asumiera constitucionalmente la Presidencia en caso de que Carlos José Solórzano renunciara, como en efecto ocurrió en enero de 1926. La maniobra militar terminó trasladándose al Congreso Nacional, donde varios diputados denunciaron que hombres armados impedían a representantes legítimos ocupar sus escaños. El 16 de diciembre de 1925, el diputado liberal Enoc Aguado señaló que los militares asignados en Granada, Masaya, Tipitapa y otras localidades habían detenido a los legisladores que viajaban para ser parte en las sesiones parlamentarias, impidiendo que los representantes contrarios a Emiliano Chamorro participaran en las decisiones del Congreso y se opusieran a su ambición desmedida de poder.
Durante las semanas siguientes, los partidarios de Emiliano apartaron del Congreso Nacional a los diputados que se oponían a sus planes y los sustituyeron por legisladores serviles a su causa, hasta conseguir que Emiliano Chamorro también prestara juramento como senador por Managua el 8 de enero de 1926, pese a que ya ejercía el poder de hecho, controlaba las armas y mantenía al presidente constitucional secuestrado políticamente, sin permitirle gobernar libremente. Cuatro días después, el Congreso declaró culpable al vicepresidente Juan Bautista Sacasa de conspirar contra la paz y la seguridad del Estado, lo separó del cargo y ordenó su expulsión de Nicaragua durante dos años, impidiéndole asumir
constitucionalmente la Presidencia.
El 14 de enero, Solórzano presentó su renuncia y Chamorro llegó al poder en los días siguientes, culminando el golpe de Estado que había iniciado con la toma militar de Tiscapa en octubre de 1925.
La llegada de Chamorro Vargas al poder encontró un obstáculo internacional relacionado con acuerdos que él mismo había firmado. En febrero de 1923, Nicaragua y los demás países centroamericanos suscribieron las Convenciones de Washington, destinadas a impedir el reconocimiento de gobiernos surgidos de golpes de Estado, y el general había participado como representante nicaragüense en aquellas negociaciones. Washington y otros gobiernos de la región rechazaron reconocer su Presidencia porque consideraban que había sido obtenida de manera ilegítima, inconstitucional y por la vía del golpe de Estado, contraviniendo los compromisos asumidos tres años antes.
Sin embargo, aquella contradicción no era el único antecedente de su relación con Washington, ya que el 5 de agosto de 1914, actuando como representante de Nicaragua, había firmado con William Jennings Bryan el Tratado Chamorro-Bryan, ratificado en 1916, mediante el cual concedió a la potencia norteamericana derechos exclusivos y perpetuos sobre una eventual ruta canalera por territorio nicaragüense. En otras palabras, le había entregado la soberanía nacional en bandeja de plata a los Estados Unidos.
El Tratado Chamorro-Bryan también incluía el arrendamiento de las islas del Maíz durante 99 años y concedía a Estados Unidos el derecho de establecer una base naval en el golfo de Fonseca por igual período, con posibilidad de renovación, a cambio de tres millones de dólares en oro destinados al supuesto pago de la deuda nacional. Pero el golpe de Estado que encabezó años después, conocido históricamente como «El Lomazo de Emiliano», aunque no consiguió mantenerlo por mucho tiempo en el poder, dejó cuatro muertos y catorce heridos durante los enfrentamientos armados y terminó provocando la Guerra Constitucionalista. En medio de tales acontecimientos, el 2 de marzo de 1926 comenzó a circular el diario La Prensa, apenas cuatro meses después del golpe de Estado, periódico que posteriormente pasó a manos de la familia Chamorro, cuando Pedro Joaquín Chamorro Zelaya adquirió parte de sus acciones en 1930 y se convirtió en su único propietario en 1932.
El gobierno espurio del golpista Emiliano Chamorro Vargas llegó a su fin el 30 de octubre de 1926, apenas nueve meses después de haberse impuesto por la fuerza en la Presidencia, mediante las maniobras que siguieron al golpe militar iniciado un año antes, debido a las presiones internacionales, la falta de reconocimiento de Estados Unidos y los levantamientos armados de los liberales, que finalmente lo obligaron a abandonar el poder y entregarlo a Sebastián Uriza, sustituido posteriormente por Adolfo Díaz. Sin embargo, los enfrentamientos continuaron porque los liberales exigían que Juan Bautista Sacasa asumiera la Presidencia que constitucionalmente le correspondía, prolongándose la Guerra Constitucionalista hasta los acuerdos de 1927. Antes de aquel golpe, otros integrantes de la familia Chamorro ya habían ocupado el poder en Nicaragua, entre ellos Frutos Chamorro Pérez, Fernando Chamorro Alfaro, Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, Diego Manuel Chamorro Bolaños y Rosendo Chamorro Oreamuno, una dinastía familiar, entreguista y enemiga del pueblo, que posteriormente también incluiría a Violeta Barrios, esposa de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Nos queda claro, que por las venas de la familia Chamorro corre la sangre entreguista, golpista y vendepatria, lo cual se reflejó en abril de 2018, cuando el diario La Prensa se convirtió en un centro de operaciones terroristas y varios de sus miembros participaron directamente en el sangriento intento de golpe fallido contra el gobierno legítimo y constitucional de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega. Todos resultaron derrotados y varios de los Chamorro, enjuiciados, procesados y condenados, posteriormente fueron trasladados donde sus patrocinadores en el vuelo de los 222 terroristas. Desde entonces, Nicaragua continúa siendo libre, en paz y avanzando por el camino del progreso y el desarrollo, con un pueblo siempre atento y dispuesto a derrotar cualquier amenaza contra su paz y su soberanía nacional.
