Caminar unos miles de pasos adicionales cada día podría mejorar funciones cognitivas clave como la atención sostenida, la concentración y el control de impulsos, según un estudio publicado en Scientific Reports.

Investigadores analizaron datos de más de 3.000 adultos de entre 18 y 93 años inscritos en el Programa de Investigación All of Us, abarcando 14 años de registros de sus pasos diarios mediante dispositivos Fitbit y de mediciones de su presión arterial, para luego evaluar su rendimiento en cuatro pruebas cognitivas computarizadas al final del período de estudio.

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Los resultados mostraron que, en promedio, cada 1.000 pasos adicionales por día estaban vinculados a puntuaciones más altas en pruebas que miden la atención sostenida, la concentración y la planificación de recompensas.

Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos según su promedio de pasos diarios: el grupo menos activo caminaba alrededor de 5.100 pasos, el grupo intermedio unos 8.900 y el más activo alrededor de 14.200. Las personas en los dos grupos más activos obtuvieron puntuaciones cognitivas significativamente más altas que aquellas en el grupo menos activo.

Por otro lado, la presión arterial sistólica elevada solo se asoció con un peor desempeño en una prueba de toma de decisiones, sin impacto significativo en otros parámetros cognitivos.

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Un análisis de mediación reveló que la presión arterial más baja explicaba solo el 4,8 % de la conexión entre actividad física y autocontrol, sugiriendo que los beneficios del ejercicio para la salud cerebral van más allá de la reducción de la presión arterial.

Los investigadores sugieren que el ejercicio podría beneficiar al cerebro a través de tres mecanismos como promover la neuroplasticidad, reducir la inflamación sistémica o mejorar el metabolismo de la glucosa.

Enfatizaron que aunque las asociaciones observadas fueron modestas, los hallazgos destacan el papel potencial de la promoción de la actividad física y el manejo óptimo de la presión arterial en el apoyo a la salud cognitiva.

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Sin embargo, reconocieron limitaciones importantes: la cognición se midió solo una vez al final del estudio, lo que impide descartar causalidad inversa, es decir, que las personas con mayor función cognitiva premórbida hayan sido más capaces o propensas a mantener mayor actividad física y presión arterial más saludable.