Las exportaciones rusas de petróleo a través de la Ruta Marítima del Norte (SMP, por sus siglas en ruso) se han disparado este año, reforzando el papel del corredor ártico como alternativa de abastecimiento para Asia, mientras las tensiones en los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb alteran las rutas energéticas tradicionales, señala un análisis publicado el 21 de octubre por el portal Oil Price.

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Según Reuters, los envíos rusos de crudo a través de la SMP aumentaron en 2026 cerca de un 50 % respecto al año anterior y alcanzaron los 20 millones de barriles entre julio y mediados de octubre, período en que el hielo marino del Ártico se sitúa en su mínimo anual.

Al mismo tiempo, operadores del mercado esperan que el volumen aumente otros 5 a 10 millones de barriles antes de que concluya la actual temporada de navegación. A modo de comparación, el portal recuerda que en la campaña anterior Rusia había exportado por esa vía unos 13 millones de barriles.

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El análisis destaca que Rusia ha incrementado además los envíos de gas natural licuado (GNL) por esta vía, en paralelo al aumento de los flujos de crudo hacia Asia.

¿Por qué la ruta se volvió tan demandada?

La creciente importancia de la Ruta Marítima del Norte no se explica solo por el aumento de los volúmenes, sino también por las disrupciones en las rutas tradicionales como el canal de Suez, el estrecho de Ormuz y el mar Negro. Aunque el corredor ártico sigue siendo más costoso y complejo en términos operativos, su recorrido es considerablemente más corto que la ruta de Suez.

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En ese contexto, el análisis explica que navegar por el Ártico permite reducir hasta en dos semanas los trayectos hacia mercados como China y la India, un factor especialmente valioso en un momento en que los costos de flete se han disparado y los superpetroleros afrontan cuellos de botella y retrasos.

Por otro lado, el creciente atractivo se debe también a la expansión de los grandes proyectos energéticos rusos en el norte del país. Iniciativas como el megaproyecto Vostok Oil, y el aumento de las operaciones de GNL en el Ártico están incrementando los volúmenes enviados directamente a las cadenas de suministro asiáticas. En concreto, solo el gigante energético ruso Gazprom Neft tiene previsto elevar este año sus envíos por la SMP un 35 % respecto a 2025. Por su parte, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, afirmó que el país espera elevar el tráfico de mercancías anual por esta vía hasta 70 millones de toneladas para 2030.

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Estos días, incluso la Unión Europea reconoce ya el peso estratégico del Ártico: Bruselas acaba de endurecer su estrategia para la región con el objetivo de frenar el avance de Rusia y China en la Ruta Marítima del Norte. Sin embargo, el bloque europeo llega a esta competencia desde una posición más débil, con una presencia territorial limitada en el Extremo Norte y muy por detrás de Moscú y Pekín en capacidades clave como la flota de rompehielos.

Los compradores asiáticos

En cuanto a los receptores, China sigue recibiendo grandes volúmenes de crudo ruso a través de una combinación de rutas terrestres y marítimas: cerca de un millón de barriles diarios llegan por infraestructura terrestre, sobre todo a través del oleoducto Siberia Oriental-Océano Pacífico (ESPO, por sus siglas en inglés) y su ramal Skovorodinó-Mohe. 

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En cuanto al suministro por mar, la mayor parte del petróleo ruso destinado al mercado chino sale de los puertos del Lejano Oriente de Rusia, en particular del puerto de Kozminó. El texto indica que, en los últimos meses, hasta el 90 % del crudo ruso transportado por mar hacia China ha salido de esos puertos y no de terminales europeas.

En el caso de la India, el abastecimiento depende de una red marítima mucho más amplia. Tras las disrupciones en las rutas energéticas de Oriente Medio, Nueva Delhi redirigió con rapidez su cesta de importaciones hacia canales alternativos y terminó consolidando a Rusia como su principal proveedor de crudo. 

Rusia gana espacio en Asia

Más allá de China y la India, Moscú ha reforzado este año su papel como garante energético de los países del Sudeste Asiático. Ello resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que, antes del conflicto, Oriente Medio suministraba cerca del 60 % del crudo importado por la región y alrededor de un tercio del gas. 

En este escenario, gobiernos como el de Indonesia, Filipinas y Vietnam se apresuraron a asegurar nuevos suministros de crudo ruso. Para Manila, se trata de la primera compra de este tipo en cinco años. 

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«La realidad es que, en este momento, el Sudeste Asiático se halla en un momento estratégicamente propicio para la participación de Rusia. La región se ha visto particularmente afectada por la crisis energética mundial desde que [el presidente de EE.UU, Donald] Trump inició su guerra contra Irán y Teherán respondió cerrando el estrecho de Ormuz», explicó Derek Grossman, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad del Sur de California. «La Administración Trump ha creado las condiciones que permiten al Kremlin presentarse como un socio útil y receptivo«, concluyó el experto.