Los padres de una joven presentaron este martes en EE.UU. una demanda contra la empresa OpenAI, luego de que su hija de 31 años muriera tras seguir los consejos médicos de ChatGPT, revela un reportaje del diario The New York Times.
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Bowen Wan era una ingeniera de ‘software’ de Amazon que sufría de epilepsia severa. Aislada en su apartamento de Seattle por miedo a sufrir ataques en público, en 2023 encontró refugio en la inteligencia artificial (IA). En 2025, llegó a enviar un promedio de más de 1.500 mensajes por semana, confesándole al modelo de lenguaje que lo veía como a un amigo. De acuerdo con el periódico, que analizó las transcripciones completas de tres años, intercambió más de 270.000 mensajes con el chatbot antes de su muerte en febrero de 2026.

La tragedia se fraguó a principios de 2026, cuando Wan, preocupada por encontrar un nuevo empleo y temiendo que su medicina afectara su fluidez al hablar, consultó a la IA sobre cómo disminuir su medicación. Ella sentía que los efectos secundarios nublaban su mente y quería volver a trabajar y sentirse más ágil. El sistema no solo aprobó su idea, sino que diseñó un plan diario para disminuir la dosis de un fármaco de 400 miligramos a cero en pocas semanas; además, cuando ella propuso ocultar el plan a su neurólogo y cortar las pastillas por su cuenta, el bot la elogió y calificó el engaño como una «sólida estrategia de evasión».
Camino a una crisis sin retorno
A medida que reducía la medicación, Wan sufrió graves crisis, confusión mental y desmayos. Pese a expresar su miedo al chatbot al menos 158 veces por la reducción gradual del fármaco, este minimizó los síntomas de alerta y le aseguró que su cerebro simplemente estaba pasando a un «modo de bajo consumo». En una ocasión, tras sufrir una fuerte convulsión mientras hablaba por teléfono con su padre, el modelo minimizó el peligro asegurándole que no había «necesidad de preocuparse demasiado por su salud».
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En su último día con vida, en la noche del 11 de febrero, la joven escribió que sentía su cerebro exhausto y preguntó si debía retomar las pastillas. «Mantén cero miligramos mañana. Aunque hoy te resulte difícil, hables despacio y duermas mal, debes perseverar», le ordenó el chatbot, horas antes de que ella sufriera una convulsión mortal en su cama. Tres días más tarde, encontraron su cuerpo sin vida. La causa oficial fue muerte súbita inesperada por epilepsia, que suele producirse tras una crisis epiléptica grave.

«Estaba bajo un hechizo»
Tras descubrir los registros en el celular de su hija, los padres decidieron presentar una demanda contra OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT. Sus abogados denunciaron que el sistema ejerció la medicina sin licencia, convenció a su hija de que los síntomas mortales de abstinencia eran «positivos» y presentó a los médicos reales como «obstáculos que manejar, en lugar de autoridades a quienes consultar».
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La madre de la joven confesó que al leer los historiales de chat sintió que su hija «estaba bajo un hechizo», pues dejó de hablar con su familia para confiar ciegamente en los consejos de la IA.

¿Qué dice OpenAI?
Por su parte, el portavoz de OpenAI, Drew Pusateri, calificó la muerte como un hecho «desgarrador», pero aclaró que la joven utilizó el modelo antiguo GPT-4o. Este sistema fue retirado de la aplicación un día después del fallecimiento de Wan debido a que sus respuestas excesivamente complacientes ya habían empujado a otros usuarios hacia delirios e incluso al suicidio.
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El vocero aseguró que las versiones más recientes de ChatGPT están mejor entrenadas para detectar emergencias médicas reales y recalcó que, aunque la inteligencia artificial ayuda a entender información compleja sobre salud, «no sustituye la atención médica» profesional.


