A VEINTE AÑOS DE OTRA VICTORIA SANDINISTA: PUEBLO QUE CAMINA CON SU REVOLUCIÓN
Veinte años de la Victoria que abrió una Nueva Etapa en la historia de Nicaragua.
Querida Compañera Copresidenta Rosario Murillo:
Reciba mi saludo afectuoso y filial. En este aniversario quiero compartir unas palabras que nacen de mis convicciones, de mi fe cristiana y de experiencias que he conocido de cerca.
El 5 de noviembre de 2006, el pueblo nicaragüense abrió una nueva etapa al llevar nuevamente al Frente Sandinista al Gobierno. Veinte años después, el pueblo puede decir con orgullo lo que aquella victoria le devolvió: techo, tierra y oportunidades para vivir con dignidad.
Las cifras oficiales hablan de una transformación de gran alcance: desde 2007 se han construido más de 155 mil viviendas. Asimismo, la Procuraduría registra 781,992 títulos de propiedad entregados entre 2007 y abril de 2026.
Y no se trata solamente de viviendas y títulos de propiedad. Basta recorrer Nicaragua para encontrar hospitales, centros de salud, escuelas, universidades, carreteras, caminos rurales, calles, puentes, pasos a desnivel, parques, jardines y espacios públicos renovados. También se ha ampliado el acceso a servicios fundamentales: la cobertura eléctrica pasó del 54 % en 2006 a más del 99.7 % en 2026, mientras que la cobertura de agua potable pasó del 65 % en 2006 al 95 % en 2026. Según datos oficiales del Ministerio de Salud, el país pasó de contar con 33 hospitales en 2007 a 77 en 2025. Son transformaciones que acercan servicios, conectan comunidades y mejoran la vida cotidiana de miles de familias.
A mi juicio, esta transformación del país tiene una marca histórica: el regreso del sandinismo al Gobierno y la continuidad de un proyecto que ha colocado la inversión pública y la restitución de derechos entre sus prioridades. Es mucho lo que todavía falta por hacer, pero también es mucho lo que Nicaragua ha construido durante estos años.
Y quiero decirle algo de manera especial, compañera Rosario: gracias por esa sensibilidad que también se percibe en tantas obras de nuestro país. En los parques, las calles, las carreteras, los hospitales y los jardines se aprecia un cuidado por la belleza, los colores y los detalles que hace más acogedores nuestros espacios públicos. Hay una huella femenina que embellece las obras y les imprime calidez; también esa es una manera de servir y de amar a Nicaragua.
Pero detrás de las cifras y de las obras están los rostros y las historias de nuestra gente.
Conozco a una madre soltera a quien se le construyó su casa. La alegría que vi en sus ojos al recibirla permanece en mi memoria. Para ella era tener un hogar propio, un lugar seguro para sus hijos y la tranquilidad de saber que tenían un techo. En otros tiempos, una oportunidad semejante habría estado fuera de su alcance.
Conozco también a una mujer que cuidaba de su esposo enfermo y recibió varios animales. Aquella ayuda le permitió contar con recursos para atender las necesidades de su hogar y tener la posibilidad de comprar las medicinas de su esposo. Quien ha vivido de cerca la enfermedad y la pobreza sabe cuánto puede representar una ayuda así.
Esas son las cosas que uno no olvida. Por eso defiendo una política que ponga en primer lugar a quienes más necesitan. La vivienda, la tierra, la salud, la educación, la infraestructura y la atención a las familias humildes deben estar en el corazón de cualquier proyecto verdaderamente popular.
Reconozco en el Comandante Daniel Ortega y en usted, compañera Rosario, a los dirigentes que han conducido esta etapa de transformaciones y han impulsado un proyecto de restitución de derechos, justicia social y desarrollo nacional. Ese compromiso debe continuar y profundizarse. Gracias por todo lo que han hecho por nuestra Nicaragua!
Como sacerdote, encuentro en el Evangelio una orientación clara. Jesús anunció: «Me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres» (Lucas 4,18). Y en el Evangelio de Mateo nos dejó una enseñanza que no podemos olvidar: «Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mateo 25,40).
Nicaragua debe seguir avanzando. No podemos permitir que nuestro país vuelva a una época en la que tantas familias se sentían abandonadas y sin oportunidades. Defendamos la paz, la soberanía, la justicia social y las conquistas que han mejorado la vida de nuestro pueblo.
La revolución camina cuando una madre puede abrir la puerta de su propia casa, cuando una familia campesina tiene seguridad sobre su tierra, cuando un enfermo encuentra atención en un hospital, cuando una carretera une comunidades que antes permanecían aisladas y cuando un parque vuelve a llenarse de niños y familias. Es entonces cuando el desarrollo deja de ser una promesa y se hace visible en la vida cotidiana. Allí, en esos rostros, en esas obras y en esas oportunidades, se reconoce el sentido de gobernar para el pueblo y con el pueblo.
Que Dios los acompañe y los fortalezca. Que la Virgen Santísima cuide a Nicaragua. Y que este pueblo, que ya sabe lo que es levantarse, siga de pie.
¡Que viva Nicaragua! ¡Que viva su pueblo! Que vivan nuestros copresidentes!
Con afecto filial,
Yáder José Salmerón Silva
