La historia entre Ted Bundy y Elizabeth Kendall comenzó como una relación aparentemente normal, pero con el tiempo terminó convirtiéndose en una de las facetas más perturbadoras de la vida del asesino serial estadounidense.
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Elizabeth conoció a Bundy en octubre de 1969 en un bar de Seattle. Ella tenía 24 años, era madre soltera y trabajaba como secretaria en la Universidad de Washington. Él era un joven estudiante de derecho, carismático y seguro de sí mismo. La conexión fue inmediata y, en poco tiempo, comenzaron una relación sentimental que se prolongó durante varios años.
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Según relató Kendall en sus memorias El príncipe fantasma: mi vida con Ted Bundy, el joven parecía atento, amable y cariñoso. Incluso llegó a integrarse en la vida familiar de Elizabeth y su pequeña hija, Molly. Sin embargo, detrás de esa imagen se escondía una peligrosa doble vida.

Con el paso del tiempo comenzaron a aparecer señales alarmantes. Bundy desaparecía durante horas sin explicación, reaccionaba con agresividad cuando era cuestionado y acumulaba objetos sospechosos, como yeso, muletas y herramientas. En una ocasión, Elizabeth encontró ropa interior femenina que no le pertenecía y, al confrontarlo, él respondió con amenazas.
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Mientras la relación avanzaba entre rupturas y reconciliaciones, también crecían las sospechas sobre una serie de desapariciones y asesinatos de mujeres jóvenes en distintos estados de Estados Unidos. A pesar de las dudas, Elizabeth continuó junto a Bundy durante años e incluso llegó a llamar a la policía para alertar sobre el comportamiento de su pareja, aunque en ese momento las autoridades descartaron la información.

Uno de los episodios más impactantes ocurrió el 14 de julio de 1974. Ese mismo día en que Bundy secuestró y asesinó a dos jóvenes en el parque Lake Sammamish, había salido a comer hamburguesas con Elizabeth y su hija, manteniendo la apariencia de una vida completamente normal.
Décadas después, Molly quien convivió con Bundy durante su infancia reveló en el documental Ted Bundy: Falling for a Killer que el asesino tuvo conductas inapropiadas con ella cuando era niña, incluyendo episodios que nunca había contado públicamente.
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Finalmente, Ted Bundy fue condenado por múltiples asesinatos y ejecutado en la silla eléctrica en 1989, convirtiéndose en uno de los asesinos seriales más notorios de la historia criminal de Estados Unidos.
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Bundy fue arrestado por primera vez en 1975 y condenado por secuestro agravado. Sin embargo, logró escapar de prisión en dos ocasiones y continuó asesinando. Durante parte de ese proceso, Elizabeth siguió manteniendo contacto con él e incluso creyó en su inocencia.


