Los pueblos originarios y afrodescendientes de la Costa Caribe de Nicaragua han vivido históricamente en condiciones de aislamiento, exclusión social, económica y política, agravadas por modelos de explotación heredados de la colonia y el período neocolonial que generaron pobreza extrema. Antes de 1979, la ausencia del Estado y la falta de infraestructura profundizaron su abandono. Con la Revolución Sandinista (1979–1990) se inició una transformación significativa, reconociendo sus derechos ancestrales. Este avance se consolidó con la Constitución de 1987, que garantizó el respeto a su identidad cultural, lenguas y costumbres.
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En los últimos años, se han ampliado los derechos y la participación de los pueblos originarios y afrodescendientes en Nicaragua, promoviendo su inclusión y mejores condiciones de vida. El país cuenta con un marco jurídico avanzado que reconoce su autonomía, identidad cultural y derechos sobre tierras comunales, respaldado por leyes sobre autonomía, educación intercultural, salud y demarcación territorial.
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