Migrar de manera ilegal desde Sudamérica a EE.UU. implica arriesgarse a pasar hambre, calores y fríos extremos y pagar extorsiones a cada paso, pero también a ser vendido a cárteles mexicanos y correr peligro de muerte, reveló el portal Primicias con base en el testimonio de un hombre que logró sobrevivir.

La amarga experiencia de Jorge (nombre ficticio que se le dio para cuidar su identidad) comenzó en diciembre de 2023, cuando partió desde Quito junto con cinco amigos con la intención de llegar como fuera a EE.UU. Al igual que cientos de miles de migrantes, el desafío inicial fue atravesar a pie la selva de Darién.

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Ahí, vivió un infierno. Había lluvias torrenciales y caminos estrechos. Quienes caían heridos en el lodo o en un río plagado de caimanes, morían sin ayuda. Organizaciones criminales de Colombia los acechaban para extorsionarlos a cambio de dejarles seguir camino. La exigencia de pagos se repitió a lo largo del viaje.

Cuando logró llegar a Ciudad México, Jorge y otros migrantes compraron boletos de autobús rumbo al norte, a la frontera con EE.UU. pero la vendedoras les dio los asientos traseros que, hoy sabe, están marcados. Quienes se sientan ahí, son llevados por policías corruptos que les quitan dinero y documentos y los venden a los cárteles.

Rescate

Así fue como Jorge terminó secuestrado por el Cártel de Sinaloa. Durante 15 días lo tuvieron en una finca en el estado de Durango y lo obligaron a llamar a su familia en Quito para pedir un rescate de 3.500 dólares. En caso contrario, lo venderían a otro cártel «más violento». Gracias a sus primos, pudo pagar y seguir camino, lo que lo salvó de convertirse en uno de los miles de migrantes desaparecidos en México.

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Una vez liberado, Jorge pudo llegar primero a Texas y luego a Nueva York. Mientras trataba de regularizar su estatus legal, comenzó a trabajar en restaurantes y fábricas, pero todo cambió con el inicio del segundo mandato del presidente de EE.UU., Donald Trump.

En enero del año pasado, la persecución a los migrantes sin papeles se intensificó con las violentas redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés).

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A Jorge le llegó una orden de expulsión, que ignoró hasta que la deuda por permanecer ilegalmente en el país alcanzó la impagable cifra de 182.000 dólares. Ya no tuvo más remedio que volver a Quito, en donde contó su testimonio como parte de un proyecto periodístico organizado por la embajada de EE.UU. en Ecuador.