Uno de los valores fundamentales de la vida indudablemente es la lealtad. Si desde tu perspectiva de vida eres fiel al principio que te fundamenta como ser humano; si crees en todo aquello por lo cual eres capaz de luchar y defender hasta las últimas consecuencias; si haces de la perseverancia el camino para alcanzar tus propósitos, aunque muchas veces sientas que no lo estas logrando, pero insistes a pesar de los pesares; si comprendes la diferencia entre lo que es la forma con lo que es el fondo; si sabes que el camino del bien por el que debes andar está trazado y que no hay manera que alguien desde el camino malo te susurre al oído para sacarte de ese estado de fidelidad que te condujo al éxito, entonces sí eres leal.

La lealtad es respeto al compromiso asumido hacia un ideal, una persona, una comunidad, una organización y todo en su conjunto a los principios morales que construyen nuestra vida y eso es lo que nos empuja al cumplimiento, a la disciplina de sostenernos en la ruta de meta a pesar de los obstáculos y paredes que quieran detenernos en el afán del mal propósito por desviarnos de lo que nos representa una causa o una razón de lucha.

La lealtad es el carácter de una persona o de un animal, que incluso, puede ser más fiel que cualquier individuo. Es increíble como en el caso de los animalitos, las que volvemos nuestras mascotas llegan a ser tan fieles que luego los transformamos en parte de nuestra vida y los integramos entonces a la familia y no importa si los regañas siempre están ahí para llenar los muchos vacíos que padecemos los seres humanos.

Hay quienes nunca lo podrán entender, pero ni las criaturas pertenecientes al mundo animal, como por ejemplo los perros, los gatos o los caballos entre otras especies, que son por supuesto muy fieles, son capaces de vestirse con el ropaje de la deslealtad que tienen aquellos que sobreabundan en la incapacidad de no conferir al perdón, a la reconciliación, a la confianza y al buen propósito el sitial preferencial que ocupa en la evolución que no es otra cosa que la transición que va de la guerra a la paz, del resentimiento a la amistad y del odio al amor que es lo que nos tiene donde estamos.

Por eso mismo aquel que es leal hace de la dedicación y del deber un valor que termina no solo siendo reconocido sino además un ejemplo a seguir por muchos que admiran  la tenacidad y persistencia de aquel que contra marea y pronóstico cree, va adelante y conquista con nobleza, bondad, rectitud y honestidad para desarrollar relaciones humanas y sociales desde la que se genera la confianza sólida y el liderazgo auténtico y verdadero que siendo capaz de impactar a otros sumen en el esfuerzo compartido para ir siempre de lo mejor a lo excelente.

Hay quienes no pueden entender el significado de lo que representan y son los valores, dónde la lealtad juega un papel determinante desde cualquier punto de vista que se quiera ver. No lo entenderán nunca porque el sentido opuesto a la lealtad es la traición que es la negación a la palabra y a la fidelidad, es el engaño a Dios, a la patria, a la comunidad, a la familia, a la pareja y al amigo.

¿Ustedes creen, que nosotros los nicaragüenses, viniendo de dónde venimos en calidad de vencedores de la maldad que representan los muy bien conceptuados hijastros de esta nación, que pueda ser posible que los infames puedan algún día comprender el alto valor que los verdaderos nicaragüenses tenemos de la lealtad para con nuestro país?

Lo pongo en modo interrogante porque ciertamente el que levanta la mano contra su tierra solo puede ser leal, con aquel que lo estimuló presupuestariamente para que le pegara fuego a su propia casa, al país en el que equívocamente algún día nació y contra el cual, motivado por el odio, generó un oceánico derramamiento de sangre.

Entendamos entonces que la lealtad es una virtud que nace en la conciencia del hombre o mujer de bien que asume un compromiso de defender y ser fiel a todo aquello en lo que cree o creemos y esto solo será posible si cada propósito trazado en el andar de la vida es sincero y franco.

Por supuesto que la lealtad es más activa cuando en la acción de la conquista de nuestros sueños nos permite ir materializando cada uno de nuestros propósitos, pero cuando llegue el día en que dejemos de hacer lo que estamos haciendo, porque nos alcanzó el relevo o porque no tuvimos la misma energía, porque nos enfermamos más frecuentemente, nuestra lealtad debe pasar a ser educativa, a ser heredada para que nunca devalúe el tesoro que representa siempre la oportunidad que tuvimos, o que nos dieron, para ser parte de la hermosa realidad como nos representa la Nicaragua de hoy que en la lealtad visionaria que tiene de su futuro nos quiere ver juntos, unidos, reconciliados y derrotando todos, en un solo haz de voluntades, a los que nos desean atrapados en un pasado salpicado de sangre y gobernado por el odio, la avaricia y la lujuria.

Paulo Coelho  dice que “Donde hay lealtad, las armas no sirven” y qué razón tiene porque esa misma lealtad a los principios y valores es lo que mantiene a una Nicaragua constantemente atacada, agredida y vilipendiada por esos que no fueron fieles ni a sus propias madres, esposas, esposos e hijos, porque a todos esos vínculos sentimentales, a los que faltaron el respeto, también los arrastraron a esa aventura pendenciera que es la que los tiene donde están, ahogados y sepultados en el fracaso, la derrota y el olvido.

En Nicaragua la lealtad es una marca social, política, económica y cultural que produce hospitales, escuelas, universidades, educación tecnológica, desarrollo municipal, clínicas maternas y móviles, energía, carreteras de primer mundo, comunicación, vivienda, deporte, turismo, esparcimiento y todo lo que por añadidura represente Derecho Humano como la paz, como el desarrollo integral de la nación y de sus ciudadanos y todo eso desde la gerencia administrativa de un gobierno que es leal a un liderazgo que por primera vez en su historia se preocupó por atender los verdaderos problemas de la patria.

Allá aquella aberración que cree que la lealtad es con la destrucción, con el odio, con la muerte, la tortura y la anarquía. Los que así se lo creen están dónde la basura debe estar y sin esos estorbos vamos hacia adelante leales al bien, leales a la vida y firmes contra todo el que proclame la muerte.

Finalmente, en el más amplio sentido de la lealtad creo que esta es para Dios. El Creador nos dio la vida, es quien nos muestra todos los días el milagro de la existencia en un mundo complicado, sí, pero donde si le somos leales sabremos interpretar desde el manual que puso en nuestras manos, la Biblia, la guía para ser grandes seres humanos porque estamos aquí como transeúntes para construir, no para satisfacer vanidades propias o ajenas sino para que seamos fieles capaces de ser nobles en todos los sentidos.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.