La Asamblea General de las Naciones Unidas autorizó el pasado martes 7 de julio, con una mayoría contundente de 136 votos a favor, el inicio de un debate urgente solicitado por Cuba sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América quien infructuosamente pretendió anular de arranque el inicio se la sesión.

Durante la sesión, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció el carácter injusto y los devastadores efectos del bloqueo estadounidense sobre el pueblo cubano y reiteró el firme reclamo de la comunidad internacional por el levantamiento de esta política que se prolonga desde hace siete décadas y que en 33 ocasiones ha sido detestada por el mundo libre en votaciones que han arrasado con la conspicua soberbia de aquel que perdió la humanidad por el respeto que merecen personas y civilizaciones a las que pretenden desaparecer de la faz de la tierra.

La votación histórica tuvo un resultado contundente: 136 votos a favor, 9 en contra y 30 abstenciones y permitió debatir y denunciar los efectos del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la isla, aunque la sesión no levanta directamente el bloqueo sí es una nueva medida de presión que el concierto de naciones determina contra esta política abiertamente violadora del derecho internacional.

A nivel de países, la votación se dividió de la siguiente manera: A favor (136): La gran mayoría de América Latina y el Caribe, África y Asia que apoyan el reclamo histórico de poner fin al embargo. En contra (9) y (30) se abstuvieron. Los nueve países que votaron en contra de abrir el debate en la Asamblea General de la ONU fueron: Estados Unidos, Argentina, Costa Rica, Israel, Marruecos, República Checa, Macedonia del Norte, Paraguay, Ucrania quienes se alinearon con la postura estadounidense e intentaron bloquear el debate de carácter urgente, pero a pesar de su rechazo, la votación avanzó. El resultado marca otra derrota diplomática de Washington después de semanas de presión documentada del Departamento de Estado para impedir que el tema llegara al plenario.

Sobre lo que injustamente sigue haciendo Estados Unidos contra el noble pueblo cubano hay que decir en altas y claras voces que se tiene una guerra abierta que en su ebullición se ha vuelto más desigual, descarnada y despiadada en los últimos siete meses con la pretensión de permear la siquis colectiva en la isla y desmontar un sistema que únicamente a los cubanos corresponde determinar.

Hoy por hoy a la embestida sostenida se suma el cerco contra todo lo que puedan representar los hidrocarburos que abastecen a los ciudadanos con gasolina o diésel o combustibles fósiles que alimentan las plantas que generan la cobertura energética lo que es un acto de guerra en términos de lesa humanidad.

En este contexto sumamente preocupante para el mundo que sigue de cerca los acontecimientos la amenaza de agresión militar directa va en ascenso y tan así que tras cada advertencia se evidencia en paralelo la presencia  dantesca de acercar a los más emblemáticos y poderosos portaaviones a las cosas cubanas en una desproporcionada sentencia contra una nación y un pueblo que no es amenaza para nadie y que solo solidaridad médica, científica, educativa y cultural sabe dar con aquellos con los que se relaciona.

Este bloqueo económico, comercial y financiero pretende claramente desestabilizar a Cuba para crear condiciones, inventadas con narrativas falsas, para avalar al hegemon de la Casa Blanca para una intervención militar que provocaría un inimaginable baño de sangre y pérdidas de vidas cubanas y estadounidenses porque también hay que exaltar que en defensa de su dignidad nacional los cubanos representan a una nación en resistencia que no es la primera vez que surfea sobre las olas bravas de la amenaza.

Lo que vive Cuba actualmente merece la atención absoluta del mundo y aunque esa preocupación se refleja en la votación en las Naciones Unidas para que se abra el debate para que se suspenda de inmediato el bloqueo lo cierto es que hay que ir más allá porque el daño humanitario a su población, el deterioro inocultable de la calidad de vida de sus ciudadanos, la reducción de fuentes de subsistencia para alimentarse, la imposibilidad para que el cubano vea desarrollo en su vida personal, familiar y social, son una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos es un acto de castigo colectivo que no lo impone el gobierno de la isla, sino la oficina oval de la Casa Blanca.

El planteamiento de Cuba ante la sesión que ordena abrir el debate para que se ponga freno inmediato a ñ bloqueo contra su país por parte de Estados Unidos es estremecedor: Las familias cubanas, en especial los niños y jóvenes, las madres, sienten el sufrimiento de prolongados e insoportables apagones o cortes de electricidad. Cuando falta la electricidad, falta también el agua potable. Viven la angustia de la falta de un medicamento para un enfermo. Los agobia la carencia de alimentos o los altos precios de artículos de primera necesidad.

La tasa de mortalidad infantil de 4,0 por mil nacidos vivos se ha incrementado a 9,9 e implica la muerte evitable en otras condiciones, disponiendo de equipos, dispositivos y tratamientos idóneos, de 1.780 recién nacidos. El número de personas que mueren por cáncer en el país ha aumentado significativamente. En el caso de los niños y jóvenes, la supervivencia cayó de un 85% a un 65%.

En su narrativa claramente Washington sostiene que el bloqueo no se dirige contra el pueblo cubano, sino solamente contra el gobierno, pero desgarradoramente quien lo padece es el pueblo cubano y de esto da fe el cuerpo diplomático acreditado en la isla y los corresponsales extranjeros que se han acreditado en la Habana porque intuyen que algo pasa o está por pasar.

Las nuevas cifras que solo refieren el daño del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, en el periodo entre el 1 de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026 conservadoramente ascienden a una cifra récord de 8.083 millones de dólares, un 7% mayor que el año anterior, pero el impacto acumulado desde su inicio de esta barbarie hace siete décadas alcanza los 178.700 millones de dólares a precios corrientes.

A esta brutalidad absolutamente inhumana se suma la presión de Estados Unidos sobre naciones a las que sanciona sino acatan sus mandatos de cerco y de ilegítimas prohibiciones decretadas contra Cuba para que esta, en su soberano derecho, pueda realizar acuerdos y transacciones comerciales.

Cuba con la autoridad moral que le asiste está en modo de legítima defensa y lógicamente los foros internacionales son una de sus principales tribunas y aún más allá ha reconocido que desde el estrado de la razón y la civilización ha habido conversaciones bilaterales que el propio gobierno de los Estados Unidos y Cuba aceptó, conforme a su tradición y sus principios de política exterior, con el ánimo franco y constructivo de intentar hallar solución a diferencias bilaterales.

Pero no muestran progreso y es difícil que lo tengan si la expectativa de quienes lo conducen en Washington es tratar a Cuba como un adversario vencido o conquistado, como una posesión colonial o un dominio sobre el cual Estados Unidos tiene jurisdicción y autoridad.

Los datos confirman que esta conducta agresiva no representa el interés de la mayoría de los ciudadanos estadounidenses y según un estudio concluido, el 98,3% de las publicaciones y comentarios en redes digitales en Estados Unidos no apoyan el cerco energético, no apoyan el bloqueo, no apoyan una agresión a Cuba.

Ahora bien estemos claros que la agresión contra Cuba es solo una plataforma abiertamente diseñada para doblegar la dignidad de ese pueblo y de su gobierno y de ella sobresalen las llamadas leyes Torricelli de 1992 y Helms-Burton de 1996, cuyas disposiciones son contrarias a la Carta de las Naciones Unidas, violatorias del Derecho Internacional vigente y de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Estas legislaciones, totalmente extraterritoriales son tan perversas que han sido extensivas a países y empresas que en diferentes continentes del mundo decidieron no ser parte del bloqueo y por humanidad, transar comercialmente con Cuba y esto lo han hecho por 70 años lo que entonces hace incalculable verdaderamente los miles y miles de billones de dólares arrebatados a Cuba.  

Si queremos datos, podemos decir, que más de las dos terceras partes de la población cubana (70%) han nacido y vivido siendo objeto de las medidas coercitivas unilaterales aplicadas por el gobierno de los Estados Unidos contra ella. No es difícil imaginar el progreso que Cuba habría alcanzado y del cual se le ha privado, si durante estos 60 años no hubiese estado sometida a estas medidas criminales y cobardes desprendidas del bloqueo.

Frente a la frustración estadounidense por no doblegar la dignidad cubana, la política exterior del Departamento de Estado ha intensificado sus mecanismos para fomentar la subversión en Cuba reclutando a mercenarios dispuestos a vender sus servicios a cambio de una parte de los millones de dólares aprobados en Washington para esos propósitos oscuros, como igual lo hace con toda nación y pueblo que no haga coro a sus ordenes.

El objetivo último es privar al pueblo cubano de su soberanía y del ejercicio de su derecho a la libre determinación y cobardemente los sectores en la mira, tan altamente sensibles, son los de alimentación, salud, educación y transporte, como blancos de la doctrina del gran garrote.

Pero además de eso no puedo dejar de mencionar el recuento de los centenares de atentados, así se lo escuche decir públicamente, al propio líder cubano, Fidel Castro Ruz, en varios de sus extensos y memorables discursos.

Cuba ya venció, su resistencia es mucho más poderosa que el acoso sistemático de su agresor y lo sabe porque esa resistencia del David contra el Goliat se convirtió en un ejemplo de resistencia dignidad y valentía que el mundo observa con tanto respeto que seguirá exigiendo el cese inmediato del bloqueo a una Isla que no está aislada porque el mundo está abierto a Cuba como Cuba está abierta al mundo.
 
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.