El fenómeno de El Niño 2026-2027 podría alcanzar una intensidad histórica, según las proyecciones de la NOAA, y generar cambios importantes en el clima de distintas regiones del mundo. La agencia estadounidense calcula que existe más de un 90 % de probabilidad de que el fenómeno llegue a una categoría muy fuerte y alrededor de un 69 % de posibilidades de que supere la intensidad de los principales eventos registrados desde 1950.
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El calentamiento del Pacífico ecuatorial es uno de los principales indicadores. En algunas zonas, la temperatura del océano se encuentra más de 2,5 °C por encima del promedio, mientras que las aguas profundas también presentan condiciones que podrían favorecer la continuidad del fenómeno. Si este calentamiento continúa, podría alterar la circulación atmosférica y modificar los patrones habituales de lluvia y temperatura.

Uno de los aspectos que genera mayor preocupación son los efectos sobre las lluvias y los huracanes. El Niño suele reducir la actividad de ciclones en el Atlántico, pero puede favorecer una mayor formación de tormentas en el Pacífico oriental. Esto podría aumentar el riesgo de lluvias intensas y tormentas para zonas de México y Centroamérica. Al mismo tiempo, algunas regiones del planeta podrían enfrentar períodos más secos, afectando los cultivos, las reservas de agua y la generación de energía.
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En América Latina, los efectos pueden variar considerablemente de un país a otro. Algunas zonas podrían registrar precipitaciones más intensas, mientras otras enfrentarían condiciones de sequía. Para Centroamérica, será especialmente importante vigilar la evolución de las lluvias y la actividad ciclónica, ya que los eventos extremos pueden provocar inundaciones, deslizamientos y daños en infraestructura.

El impacto también podría sentirse a escala mundial. Un El Niño fuerte suele elevar las temperaturas globales y, combinado con el calentamiento provocado por las emisiones humanas, podría contribuir a que 2027 se encuentre entre los cinco años más cálidos registrados. Los sectores agrícola, pesquero, energético y de infraestructura se encuentran entre los más expuestos a estos cambios.
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Los antecedentes también aumentan la atención sobre el fenómeno. Los episodios de 1997-1998 y 2015-2016 estuvieron relacionados con importantes inundaciones, sequías, alteraciones en la agricultura y cambios en la pesca en diferentes partes del mundo. Sin embargo, las autoridades advierten que cada evento es diferente y que los efectos exactos de El Niño 2026-2027 todavía dependerán de cómo evolucione durante los próximos meses.
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Por ahora, no está confirmado que será el El Niño más fuerte de la historia, pero las condiciones observadas y los modelos de pronóstico apuntan a un episodio potencialmente excepcional. Por ello, la NOAA recomienda mantener una vigilancia constante y que los gobiernos y sectores productivos se preparen para posibles cambios en las lluvias, temperaturas, disponibilidad de agua y actividad de tormentas.

