El Alzheimer es la forma más frecuente de demencia y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia a nivel global, con unos 10 millones de nuevos diagnósticos cada año. Dentro de ese total, esta enfermedad representa entre el 60% y el 70% de los casos.
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Las proyecciones indican que, hacia 2050, esta cifra podría triplicarse debido al envejecimiento de la población, lo que plantea un desafío creciente para los sistemas de salud, la economía y las familias. Este contexto refuerza la necesidad de estrategias de prevención que puedan aplicarse antes de que aparezcan los primeros síntomas.

En este escenario, detectar señales tempranas antes de que se manifiesten los síntomas se volvió una prioridad. Un estudio de NYU Langone Health propone una vía prometedora: un análisis de sangre común podría ayudar a anticipar el riesgo de Alzheimer y otras demencias.
La investigación, publicada en la revista Alzheimer’s & Dementia, se centra en la proporción entre neutrófilos y linfocitos, dos tipos de glóbulos blancos que forman parte del sistema inmunitario. Este indicador ya se mide en análisis de sangre habituales, pero hasta ahora no se lo había vinculado de forma tan directa con el riesgo de deterioro cognitivo.
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Los neutrófilos actúan como primera línea de defensa frente a infecciones, mientras que los linfocitos participan en respuestas más específicas del sistema inmune. La relación entre ambos puede reflejar el estado general de inflamación del organismo.

El hallazgo sugiere que cuando esta proporción está elevada, podría existir una alteración inmunitaria que precede al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. El trabajo fue liderado por Tianshe He, del Departamento de Psiquiatría de la NYU Grossman School of Medicine. El equipo analizó registros médicos de casi 400.000 personas mayores de 55 años.
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Los investigadores tomaron como referencia el primer valor disponible de la proporción de neutrófilos a linfocitos, siempre anterior a cualquier diagnóstico de demencia. Luego, evaluaron cuántos participantes desarrollaron la enfermedad a lo largo del tiempo.
Según explicó Jaime Ramos-Cejudo, un valor elevado de neutrófilos no permite por sí solo predecir quién desarrollará demencia. Sin embargo, combinado con otros factores de riesgo, podría ayudar a identificar a quienes necesitan estudios más detallados o seguimiento preventivo.

Estos glóbulos blancos son fundamentales para la defensa del organismo, pero cuando su actividad es excesiva pueden generar daño. En el caso del cerebro, ese efecto podría afectar los vasos sanguíneos y contribuir al deterioro neuronal.
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A pesar de la solidez de los resultados, los investigadores señalan algunas limitaciones. Los neutrófilos tienen una vida muy corta —de apenas unos días—, lo que implica que los análisis deben ser recientes para reflejar con precisión el estado del organismo.
Por este motivo, el equipo de investigación continúa trabajando para integrar estos datos con estudios de neuroimagen y evaluaciones cognitivas, con el objetivo de comprender mejor el papel del sistema inmunitario en la enfermedad.

