El Sindicato Nacional de Enfermeros y Parteras de Kenia suspendió oficialmente la huelga general que mantenía desde el pasado 29 de julio tras lograr un acuerdo con el Consejo de Gobernadores. La medida de fuerza se extendió durante más de 40 días y paralizó severamente la atención médica en al menos 22 condados del país africano.

El pacto suscrito contempla un incremento combinado de 13.000 chelines kenianos (poco más de cien dólares) en los complementos salariales de los trabajadores del sector salud. Dicho ajuste económico se desglosa en un aumento para el subsidio por riesgo laboral y una asignación especial destinada a la adquisición de uniformes institucionales.

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La dirigencia sindical instruyó a las trabajadoras a retomar sus labores hospitalarias de manera inmediata tras la firma del documento. Asimismo, las partes fijaron un lapso de 45 días para negociar la implementación del convenio colectivo pendiente desde 2017, cuya ejecución permanecía postergada por restricciones presupuestarias oficiales.

La resolución del conflicto ocurrió en un contexto de creciente presión social y tras masivas movilizaciones de las trabajadoras hacia la sede de las autoridades provinciales. Senadores y líderes políticos habían alertado en días recientes sobre el incremento en los índices de mortalidad producto del cierre de clínicas y centros asistenciales.

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El entendimiento evitó una paralización total del sistema sanitario público ante la amenaza del gremio médico de sumarse a las protestas. La Asociación Médica de Kenia había lanzado un ultimátum al Ejecutivo tras denunciar la sobrecarga de trabajo y la falta de personal para cubrir las guardias operativas.

Sectores populares y organizaciones sociales valoraron la firmeza de la huelga para conquistar reivindicaciones laborales históricas frente a los recortes presupuestarios estatales. Las enfermeras reafirmaron su compromiso con la salud pública y advirtieron que vigilarán el cumplimiento estricto de los acuerdos económicos en el plazo establecido.