Fernando Gordillo Cervantes vivió apenas 26 años, pero en ese corto tiempo ayudó a fundar el Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezó luchas desde el movimiento universitario y llevó a las aulas las ideas que también defendía en la militancia revolucionaria. La poesía le permitió hablarle al país desde los versos, el ensayo le abrió espacio para desarrollar su pensamiento y la crítica acompañó una obra que nunca estuvo desligada de los conflictos políticos de su época. Asumió que el intelectual debía tomar posición ante los problemas que enfrentaba Nicaragua y actuó de acuerdo con esa convicción. Perteneció a la generación de la Autonomía Universitaria, asumió responsabilidades dentro del Comité Ejecutivo del movimiento estudiantil y en 1960 se unió a otros jóvenes para fundar la revista Ventana, que convirtió la literatura y las discusiones políticas en parte del debate de una generación que buscaba otro rumbo para el país. Desde periódicos y revistas escribió sobre soberanía nacional e intervención extranjera, cuestionó al somocismo y compartió esas mismas preocupaciones con estudiantes y organizaciones juveniles, donde colocó sobre la mesa la responsabilidad de quienes pensaban y escribían frente a lo que ocurría en Nicaragua. Han transcurrido 59 años desde su muerte y sus versos continúan leyéndose, sus planteamientos permanecen en la discusión nacional y su nombre sigue presente en la universidad. En agosto de 2026, la UNAN-Managua reinauguró el auditorio Fernando Gordillo Cervantes, escenario durante décadas de actividades académicas, culturales y estudiantiles, que mantiene en el recinto universitario el nombre de aquel joven que murió el 25 de julio de 1967 sin alcanzar a ver el triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

La lucha por la Autonomía Universitaria puso a Gordillo dentro de una generación que enfrentó a la dictadura somocista desde el movimiento estudiantil. El 23 de julio de 1959 marchó en León junto a los universitarios, poco antes de que la Guardia Nacional disparara contra ellos, una masacre que después relató en La tarde del 23. En esa crónica sostuvo que lo ocurrido señalaba la aparición de nuevas fuerzas revolucionarias, interpretación que retomó en la revista Ventana, fundada con otros jóvenes, y compartió durante su labor como profesor de Sociología e Historia de América. Sus cuentos y poemas, acompañados por ensayos y colaboraciones en Novedades Cultural y Repertorio Centroamericano, ampliaron una producción centrada en los problemas que enfrentaba Nicaragua, parte de la cual fue traducida posteriormente al inglés y al alemán.

El poeta Fernando Gordillo rechazó la idea del intelectual apartado de los problemas de su país y defendió el compromiso con el pueblo, una posición que llevó al debate sobre el sandinismo. En Breves notas para un ensayo sobre el sandinismo presentó a Sandino como parte de las luchas antiimperialistas del mundo y resumió la pugna política nicaragüense en dos nombres, Somoza y Sandino. Las críticas a sus planteamientos tuvieron respuesta en 1966 con El sandinismo no es una bandera de trapo, donde sostuvo que esas ideas conservarían su vigencia mientras persistieran las causas que les dieron origen. Sandino era para él “una bandera de ideas agitando el pensamiento de sus compatriotas”. Gordillo llevó esa convicción a la militancia clandestina en el Frente Sandinista y colaboró en los preparativos de Pancasán, haciendo coincidir lo que escribía con la lucha revolucionaria que había asumido.

La poesía llevó esas concepciones a un lenguaje distinto. Para hablar de soberanía, Gordillo volvió la mirada hacia Andrés Castro y recuperó la piedra lanzada durante la Batalla de San Jacinto del 14 de septiembre de 1856, cuando el soldado nicaragüense, al quedarse sin municiones, derribó de una pedrada a uno de los filibusteros. Entre aquel combate y la generación del escritor había transcurrido un siglo, pero el poema no reconstruye la batalla como una crónica ni se detiene en describir al héroe. Fernando Gordillo toma aquel gesto y lo traslada a las preocupaciones políticas de su época, recorre Nicaragua desde los lagos hasta el Coco y desde el Cabo hasta el San Juan, antes de destacar a Andrés y convertir su piedra en símbolo de esperanza frente al enemigo. El resultado fue uno de sus poemas más recordados:

ANDRÉS

Andrés
Tu piedra es mi esperanza.
Ha pasado un siglo y ya lo ves,
todo lo mismo.
Pudo más el oro que la sangre.
Toda tu tierra, Andrés.
Desde los lagos al Coco,
desde el Cabo hasta el San Juan.
Es una sola lágrima donde la Patria llora
Lanza la piedra.
¡Lánzala!
A un siglo de distancia, el enemigo,
es el mismo.
Tu piedra Andrés es Nuestra Esperanza.

Después de llevar la figura de Andrés Castro a sus versos, el poeta volvió sobre la defensa de Nicaragua en El precio de una patria, esta vez para señalar a quienes entregaron derechos del país a Estados Unidos mediante el Tratado Chamorro-Bryan por tres millones de dólares. Sin conocer lo que ocurriría décadas después, sus versos parecen anticipar la denuncia contra nuevos vendepatrias y adquieren otra lectura frente al intento de golpe de Estado de 2018, derrotado por el pueblo nicaragüense, cuando sectores opositores buscaron respaldo extranjero contra el Gobierno Sandinista.

La misma cifra con la que abre el poema da paso a una condena de quienes negocian la nación y contrapone esa conducta con la lucha por defenderla. Sus palabras llegaron también a la generación siguiente. Leonel Rugama retomó aquellos versos en El estudiante y la revolución, escrito en 1968, y los incorporó a sus reflexiones sobre quienes asumían el compromiso revolucionario con el pueblo. Así, la denuncia de Gordillo contra la entrega de Nicaragua continuó resonando más allá de su tiempo:

EL PRECIO DE UNA PATRIA

3,000.000 es el precio de una Patria.
Si alguien quiere venderla.
Y hubo quien quiso y la vendió.
Más tarde dijeron que sus hijos
nacieron para cantarla.
Como si la lucha no es el más alto
de los cantos,
y la muerte el más grande.

Fernando Gordillo Cervantes escribió esas páginas mientras enfrentaba un grave problema de salud que desde mediados de 1961 lo mantuvo en una cama o en una silla de ruedas, pero no consiguió apartarlo de lo que escribía, de sus estudiantes ni de la militancia política. En 1962 nació Canto el valor de los que sueñan y después siguieron Qué sé yo de Dios, Elogio a la pastilla, Inmóvil sobre el lecho, Laurel de la India y el cuento Love is a many splendor thing, además de ensayos, reseñas y trabajos de crítica. En 1967 todavía participaba en los preparativos clandestinos de la guerrilla de Pancasán, pero murió el 25 de julio, semanas antes de aquellos combates. Había nacido en Managua el 2 de febrero de 1941 y cursado el bachillerato en el Colegio Pedagógico. En poco más de dos décadas pasó del movimiento estudiantil a compartir sus ideas con los jóvenes desde la universidad, mientras la escritura y la militancia política acompañaron una trayectoria guiada por su convicción de que el intelectual debía responder ante los problemas de su tiempo.

Décadas después, la poeta y Copresidenta de Nicaragua, Compañera Rosario Murillo, lo sigue recordando y mantiene presente su pensamiento a través de los versos que dejó. Al evocarlo, lo llamó líder del Movimiento Revolucionario Estudiantil, patriota, universitario y sandinista, y retomó Canto el valor de los que sueñan para señalar que Fernando Gordillo “cantó y canta el valor de los que sueñan”, incluso en los momentos duros, sin temer a la noche ni dejarse cegar por las sombras. También destacó la esperanza que levantó con sus palabras y expresó: “Fernando Gordillo, cuánto ejemplo nos dejó, de Dignidad, de Banderas que ondean en la distancia con Dignidad, precisamente, y con Espíritu Revolucionario y Soberano”. Rosario recordó además que cantó los días que llevaban a izar “esa Bandera de Dignidad y Fortaleza” y el “viento de Pueblo en que siempre flamea”. Al recordar Andrés, otro de sus poemas más conocidos, recuperó el llamado “Lanza la piedra, Andrés. ¡Lánzala!” y la afirmación “Tu piedra, Andrés, és nuestra Esperanza!”, versos que relacionó con la valentía del pueblo nicaragüense y la defensa de la soberanía. Sus referencias a Gordillo retoman precisamente esas ideas de dignidad, esperanza, lucha y soberanía presentes en su obra.