La ministra de Transición Ecológica de Francia, Monique Barbut, advirtió este miércoles 12 de agosto que las recurrentes olas de calor y la sequía de este verano podrían costarle al país entre 10.000 y 15.000 millones de euros.

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Tras una reunión con organismos públicos como Météo France, el Servicio de Investigaciones Geológicas y Mineras (BRGM) y la eléctrica estatal (Électricité de France), la funcionaria calificó la situación como excepcional y señaló que las consecuencias repercutirán en la agricultura, la industria, la biodiversidad y el equilibrio territorial más allá del verano.

La falta de agua afecta a todo el territorio francés y ya genera cortes en el suministro de agua potable para más de 40.000 personas, mientras que unos tres millones habitan en zonas con tensiones de aprovisionamiento.

A finales de julio, la escasez hídrica alcanzó los niveles registrados en agosto de 2022, con cerca de 1.370 corrientes de agua con rupturas en su caudal, afectando al 43 % de los ríos pequeños, lo que representa la cifra más crítica jamás observada para este período.

El episodio de calor, activo desde el 28 de julio, se intensificará, según pronósticos, entre el jueves y el viernes de la semana en curso con temperaturas puntuales de hasta 40 y 41 grados en varias regiones, cuando el número de departamentos bajo alerta naranja podría llegar a 80.

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Se prevé que el fin de semana la llegada de aire más fresco desde la fachada atlántica traiga inestabilidad y tormentas hacia el este, aunque las temperaturas se mantendrán por encima de los valores normales de la estación.

Francia atraviesa un nuevo período de altas temperaturas. Durante este miércoles, la ola de calor abarca gran parte del país, dejando 78 departamentos bajo alerta naranja. Los termómetros sobrepasarán los 35 °C en varias regiones.

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La continuidad del calor dificulta la vida cotidiana. En Burdeos y otras localidades, numerosos habitantes deben mantener las ventanas cerradas en el transcurso del día y limitar sus salidas a los momentos menos calurosos. Las noches también son complejas debido a que los valores térmicos apenas bajan, especialmente en el oeste.

Frente a este escenario, las autoridades aconsejan beber agua con regularidad, permanecer en espacios frescos y resguardar a los colectivos más vulnerables, como personas mayores y niños pequeños. Asimismo, consumir abundante fruta y verdura y tomar duchas de agua fresca ayuda a sobrellevar las elevadas temperaturas.

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La ola de calor no es la única preocupación. La ausencia de precipitaciones empeora la sequía: los suelos continúan muy secos y el estado de los pequeños cauces resulta preocupante. De acuerdo con la Oficina Francesa de la Biodiversidad (OFB), cerca de 1.400 cursos de agua estarían secos. Por ello, las limitaciones al uso del agua afectan a la inmensa mayoría de la población en la Francia metropolitana y Córcega.

Esta serie de episodios de calor resulta cada vez más frecuente e intensa dentro del contexto del calentamiento global.