El Instituto de las Culturas de Pueblos y Juventudes (ICPJ) expresa su profundo pesar por el fallecimiento de Mayra Bonilla, destacada actriz, docente, investigadora y formadora de generaciones, cuya vida estuvo consagrada al teatro y a la cultura nicaragüense.
Nacida en Sapoa, Rivas, en 1955, Mayra descubrió desde los seis años su vocación por las artes escénicas. En 1975 ingresó al elenco de Comedia Nacional, iniciando una trayectoria de más de medio siglo sobre las tablas y una participación en más de cincuenta obras del repertorio nacional y universal.
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A lo largo de su fecunda carrera interpretó personajes memorables en obras como La tercera palabra, Seis personajes en busca de autor, El jardín de los cerezos, La casa de Bernarda Alba, Por los caminos van los campesinos, El enfermo imaginario y Chinfonía burguesa, entre muchas otras. También entregó su talento al teatro para niños, acercando a varias generaciones al maravilloso universo de la escena.

Pero su legado trascendió la actuación. Fue maestra de voz y dicción, docente universitaria e investigadora, y dedicó buena parte de su vida a la formación de nuevos artistas. Como académica de la UNAN-Managua, impulsó el teatro universitario y contribuyó al desarrollo de las artes escénicas en el país.
Pionera y visionaria, participó en la creación de importantes agrupaciones como el Teatro Experimental de la UNAN (TEUNAN), DANTEATRO y la Compañía de Teatro Mayboarte.
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Sobrina de la célebre actriz Socorro Bonilla Castellón, su mentora y madre teatral, y esposa del reconocido actor y director Erasmo Alizaga, Mayra fue parte de una tradición artística que hizo del teatro una forma de vida, memoria y creación.

Su trayectoria fue reconocida con diversas distinciones, entre ellas su incorporación como Miembro de Honor del Salón Histórico del Teatro Nicaragüense y la Medalla 50 Aniversario del Teatro Nacional Rubén Darío.
Con su partida, Nicaragua pierde a una gran intérprete y maestra de la escena. Queda, sin embargo, su voz en el recuerdo, sus personajes en nuestra memoria y sus enseñanzas en las generaciones que formó.
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Y queda también aquella frase que pronunciaba antes de cada función, con humor, complicidad y amor por el teatro:
“Que Dios nos agarre confesados”.

Hoy el telón baja con tristeza, pero la huella de Mayra Bonilla permanece encendida en el escenario de la cultura nicaragüense.
Hasta siempre, Mayra.
El Instituto de las Culturas de Pueblos y Juventudes expresa sus condolencias a familiares, colegas, discípulos y a toda la comunidad artística nacional.


