La Compañera Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua, destacó la participación del Pueblo Presidente, ayer, en la aprobación de la reforma a la Constitución Política y resaltó que aquí ¡Hay Patria! y Nicaragua es Canto de Vida y Esperanza .

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«Excelentes tiempos los que gracias a Dios vivimos, compañera, excelentes tiempos de las familias nicaragüenses, para las familias nicaragüenses porque sentimos en óptimo grado las fuerzas del glorioso espíritu nicaragüense por gracia del Padre», dijo la Compañera Rosario Murillo en el inicio de su comunicación con el pueblo nicaragüense.

Externó: «Y esa fuerza, y esa fortaleza invicta la vimos ayer en la ciudad de León, Capital de la Revolución, porque sabemos de luchas está esa fuerza, porque sabemos de honores está esa fuerza, porque somos de fe, esperanza y certeza está esa fuerza que cada día, además, crece desde esta Nicaragua que es altar y ara de ofertorios permanentes a Jesucristo nuestro Señor y al Dios de todos los triunfos».

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«Juventud Presidente, Pueblo Presidente, los caminos de concordia y bien común no se detienen; somos nicaragüenses para gloria y gracia, por gracia de Dios. Patria para todos, patria de todos, patria para venerarla, respetarla, amarla como corresponde», manifestó

Seguidamente expresó que «Nicaragua es Canto de Vida y Esperanza, y citamos a nuestro infinito Rubén:

Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
Un soplo milenario trae amagos de peste.
Se asesinan los hombres en el extremo Este.

¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo?
Se han sabido presagios y prodigios se han visto
y parece inminente el retorno de Cristo.

La tierra está preñada de dolor tan profundo
que el soñador, imperial meditabundo,
sufre con las angustias del corazón del mundo.

Verdugos de ideales afligieron la tierra,
en un pozo de sombra la humanidad se encierra
con los rudos molosos del odio y de la guerra.

¡Oh, Señor Jesucristo! ¡Por qué tardas, qué esperas
para tender tu mano de luz sobre las fieras
y hacer brillar al sol tus divinas banderas!

Surge de pronto y vierte la esencia de la vida
sobre tanta alma loca, triste o empedernida,
que amante de tinieblas tu dulce aurora olvida.

Ven, Señor, para hacer la gloria de Ti mismo;
ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
ven a traer amor y paz sobre el abismo.

Y tu caballo blanco, que miró el visionario,
pase. Y suene el divino clarín extraordinario.
Mi corazón será brasa de tu incensario.

«Eso escribió nuestro Príncipe en 1904. Y ahora decimos: Ven, Señor Jesucristo, sigue con nosotros, porque todos juntos somos como pueblo de Dios, cantos a su gloria, cantos a su victoria. Sabemos que la principal victoria es la paz», enfatizó.

Evocó la actividad de la Asamblea Nacional: «Ayer, en ese espléndido atardecer con la Catedral, Patrimonio de la Humanidad, de fondo, lucimos el oro encendido de nuestro espléndido sol. Ayer vimos las arcas de alianza. Ayer lucimos el fervor cristiano, revolucionario y evolucionario de esta bendecida Nicaragua; es siempre digna y soberana, el fervor cristiano, revolucionario y evolucionario de un pueblo que cree firmemente y que crea fraternal y solidariamente la indispensable concordia para vivir, para crecer, para avanzar, para vencer en armonía y solidaridad la pobreza impuesta». 

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«Aquí hay patria y lo decimos en voz altísima: ¡Hay patria! ¡Hay patria! Aquí vamos adelante, aquí somos todos juntos la caja de armonía que guarda nuestros tesoros. La piaña de diamantes, el esfuerzo, el nombre y todos nuestros sueños», expuso.

Y con Rubén seguimos. 

Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:
-las viejas espadas de los granaderos más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-.
Las trompas guerreras resuenan;
de voces los aires se llenan…
-A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encarnan las glorias pasadas-;
Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros;
al que ama la insignia del sueño materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha
triunfal!…

«Somos gran Rubén, gran nicaragüense por gracia de Dios, la marcha triunfal de las grandes y nobles almas que aquí vivimos, soñamos y merecemos lo mejor», valoró.

Expresó: «Nos saludamos en el fuego ambiente de los héroes de siempre. Nos abrazamos en la sublime y sagrada esperanza que envuelve las banderas de armonía, de arcoíris, de fe, de cariño y de paz».

Dijo que somos Nicaragua, que todos juntos somos Nicaragua, «somos la patria grande de Nicarao, de Diriangén, de Adiact, de los Indios Flecheros, de Andrés, de José Dolores, de San Jacinto, de Zeledón, de Sandino, de Carlos, de Tomás, del vigor y la gloria de haber expulsado a los filibusteros, a los invasores en todo tiempo, a los invasores que a estas alturas todavía se ven o se creen dueños de nuestro continente y de nuestro cielo, que solo sabe de patria bendita y libre».

«Nos encontramos entre los ramos de la esperanza que surgen primaverales, atravesando impertérrita por el bosque de males sin temer a la serpiente, atravesando la esperanza primaveral, ramos de la esperanza que surgen primaverales, atravesando impertérrita por el bosque de males sin temer a la serpiente. La esperanza sigue como un dios con los astros del cielo que nos acompañan siempre. Palabras de Rubén Darío», destacó.

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Reiteró que «nuestro camino es la paz, nuestro horizonte irrenunciable es la paz, nuestras banderas azul y blanco y rojinegra ondean airosas y orgullosas en tantas manos jóvenes y de todos los tiempos de esa juventud entre nubarrones que conocemos y que enfrentamos con la fuerza invariable de la paz que todos consolidamos, porque la paz es lo que todos queremos».

Como dijo Walt Whitman, sigo con Rubén:

En su país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo,
algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto;
y con arpa labrada de un roble añejo,
como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro tiempo mejor.
Dice al águila: «¡Vuela!» «¡Boga!» al marino,

y «¡Trabaja!» al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

Rubén Darío, 1890.

Con Darío seguimos diciendo:

El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y de fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita;
El Arte puro como Cristo exclama:
Yo soy la luz, la verdad y la vida!

Y la vida es misterio; la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
Y el secreto Ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente.
De desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye d’ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor -¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol -¡toda la ira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén… ¡la caravana pasa!

«Así hablamos con Rubén en los Cantos de Vida y Esperanza... Invicta vida, invicta esperanza, fuerza de fe. Así decimos, así amamos. Somos de vida y esperanza, cantamos, seguimos cantando al amor de los amores», puntualizó.