Cuando el estrés aumenta, el cuerpo necesita recuperar el equilibrio, pero no todas las estrategias tienen el mismo efecto. Según especialistas, si existe falta de sueño, descansar debe ser la primera prioridad antes de aumentar la actividad física.

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La falta de sueño altera los niveles de cortisol, afecta la regulación emocional y puede mantener al organismo en un estado de alerta constante. Incluso perder horas de descanso de manera frecuente puede perjudicar la salud mental y metabólica.

El ejercicio también cumple un papel importante, ya que ayuda a liberar tensión acumulada, reducir hormonas relacionadas con el estrés y mejorar el estado de ánimo. Actividades como caminar, estirarse o andar en bicicleta pueden contribuir a recuperar la calma del organismo.

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Sin embargo, los expertos señalan que entrenar intensamente con un cuerpo agotado puede aumentar la fatiga y dificultar la recuperación. Por ello, cuando el descanso está afectado, recomiendan primero establecer horarios regulares de sueño y recuperar una rutina saludable.

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Una vez que el sueño está equilibrado, la actividad física se convierte en una herramienta clave para fortalecer la resistencia frente al estrés. Ambos hábitos trabajan en conjunto: dormir bien favorece el rendimiento físico y el ejercicio regular mejora la calidad del descanso.