La fibrilación auricular es una alteración del ritmo del corazón que, en muchos casos, puede pasar desapercibida. Esta arritmia provoca que las aurículas del corazón funcionen de manera desordenada, lo que puede afectar el bombeo de sangre y aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
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Aunque algunas personas presentan señales como palpitaciones, falta de aire, mareos, cansancio o dolor en el pecho, otras no sienten ningún síntoma y descubren la condición durante un control médico o un electrocardiograma.

El principal riesgo de esta enfermedad es que el flujo irregular de sangre dentro del corazón puede favorecer la formación de coágulos. Si estos llegan al cerebro, pueden provocar un accidente cerebrovascular (ACV). Los especialistas señalan que quienes tienen fibrilación auricular presentan un mayor riesgo de sufrir esta complicación en comparación con personas sin la arritmia.
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La enfermedad puede presentarse de distintas formas: algunos episodios aparecen y desaparecen en poco tiempo, mientras que otros pueden mantenerse durante períodos prolongados o convertirse en permanentes. El diagnóstico suele realizarse mediante un electrocardiograma y otros estudios cardíacos.

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la apnea del sueño, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol. Por ello, los médicos recomiendan mantener controles periódicos y adoptar hábitos saludables.
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La actividad física también puede formar parte del cuidado cardiovascular, aunque debe adaptarse a la situación de cada persona. Los especialistas destacan que el ejercicio moderado, una alimentación equilibrada y el control de enfermedades asociadas ayudan a reducir riesgos y mejorar la calidad de vida.
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Detectar la fibrilación auricular a tiempo permite iniciar tratamientos adecuados y disminuir la posibilidad de complicaciones graves, incluso en personas que no presentan síntomas evidentes.

