En la ciudad italiana de Milán, varias boutiques de marcas de lujo optaron por cerrar y retirar los productos de sus escaparates, por temor a nuevos actos vandálicos, luego de un fin de semana marcado por violentos disturbios en el centro de la ciudad, informó la agencia Ansa este 20 de octubre.
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Establecimientos como Hermès, Chanel y Pomellato mantuvieron sus puertas cerradas tras los graves incidentes.
Los daños ocasionados, entre escaparates destrozados, mobiliario dañado y mercancía sustraída, superan el millón de euros (aproximadamente 1,1 millón de dólares), sin contar las pérdidas por ventas, según las primeras estimaciones.
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El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, visitó algunos de los comercios afectados acompañado por el presidente de Confcommercio, Carlo Sangalli, y calificó lo sucedido como «inaceptable e injustificable». «Tengo la sensación de que estos momentos de tensión no han terminado», añadió.
Grupos de jóvenes vandalizaron las principales calles comerciales milanesas llegando hasta la plaza del Duomo, sin que exista un motivo aparente para los ataques.
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Los fiscales señalaron que los jóvenes arrestados mostraron una «absoluta desenvoltura para las acciones destructivas repentinas y de rara violencia», al tiempo que hicieron notar sobre su elevada «capacidad criminal». De los aproximadamente cincuenta detenidos, apenas once son mayores de edad, con edades entre los 18 y 24 años. El resto son menores.
La Fiscalía ordinaria y de menores imputó cargos por devastación y saqueo, delito sancionado con penas de 8 a 15 años de prisión, además de resistencia agravada. El balance de arrestados y daños aún es provisional, ya que las investigaciones continúan.
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Milán, en el norte de Italia, fue uno de los epicentros de la agitación social durante el fin de semana. El centro de la ciudad se convirtió en escenario de duros enfrentamientos entre policías y manifestantes, así como de saqueos e incendios de mobiliario urbano y propiedades privadas. El epicentro de los disturbios fue el centro de la ciudad, en los alrededores de la icónica plaza del Duomo. Grupos de encapuchados arrojaron piedras, adoquines y otros objetos contra agentes antidisturbios, mientras prendían fuego a barricadas improvisadas con mesas de bares. La Policía respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes.

