Hablar de la mentecatería es remontarse a una de esas palabras que han sobrevivido al paso del tiempo gracias a la sabiduría popular. Nació del término mentecato, utilizado desde hace siglos para referirse a quien obra con necedad, poco juicio o escasa sensatez.

Con los años, la gente comenzó a hablar de mentecatería para nombrar no solo a la persona, sino también a sus acciones, ocurrencias y disparates. Fue una palabra que se escuchó durante generaciones en las conversaciones cotidianas, especialmente en boca de las abuelitas y de los mayores, quienes, sin necesidad de libros ni estudios, sabían resumir en una sola expresión todo aquello que se apartaba del sentido común.

Esa es la fuerza de la mentecatería. No es un insulto cualquiera, sino una palabra nacida de la experiencia de un pueblo que aprendió a observar el comportamiento humano. Cada vez que una abuela decía «no andés con mentecaterías», no solo estaba corrigiendo una conducta; estaba transmitiendo una enseñanza sobre la prudencia, el buen juicio y la responsabilidad con la palabra. Por eso el término ha permanecido vivo durante tanto tiempo. Describe con sencillez a quienes hablan sin pensar, inventan, exageran o insisten en sostener lo que los hechos desmienten. Es una de esas expresiones populares que, además de enriquecer el idioma, conservan una valiosa lección de vida heredada de generación en generación.

En estos tiempos en los que los terroristas de la derecha, junto a sus propagandistas a sueldo, andan iracundos montando sendas campañas de odio, desinformación y guerra psicológica contra nuestro pueblo, que lo único que exige es que se le respete su derecho a vivir en paz, trabajar, ser libre y elegir sin injerencia extranjera, esta expresión popular cobra un especial significado.

El pasado miércoles, la Copresidenta de Nicaragua, Compañera Rosario Murillo, recurrió a esa palabra nacida de la sabiduría popular para referirse a lo que calificó como «mentecatería». En ese contexto, contrastó esas afirmaciones con la imagen de una Nicaragua que describió como bendecida por Dios, próspera, en paz, segura, de amor, concordia y valores. A continuación, expresó:

«Nicaragua nuestra, esta Nicaragua que Dios bendice, esta Nicaragua que rechaza, que repudia el mal, esta Nicaragua que vive en Paz, que vive en tranquilidad y que trabaja con seguridad y estabilidad para prosperar. Una Nicaragua de amor y concordia, una Nicaragua de familia, una Nicaragua de valores, una Nicaragua que no recurre a las mentecaterías para denigrar, que no abusa, que sencillamente, tranquilamente y llenos de fe y de agradecimiento al Altísimo va adelante, una Nicaragua nuestra, bendecida, prosperada y victoriosa». Finalizó la Compañera Rosario.

En Nicaragua, una parte de los contenidos que circulan en las plataformas digitales proviene de los mentecatos que también participaron en el golpe fallido de 2018 y que hoy mantienen su terrorismo mediático desde Costa Rica, Estados Unidos y España, países que los acogieron y desde donde continúan, por unos dólares más, impulsando campañas para intentar desestabilizar la paz y la estabilidad que vive nuestro pueblo. Todos ellos son sicarios digitales que asesinaron la verdad y arrebataron la vida de inocentes que no se sumaron al intento de golpe de Estado hace ocho años.

Hoy permanecen en sus caramancheles digitales, desde donde intentan presentarse como referentes morales y dueños de la verdad. Sin embargo, sus nombres aparecen en las listas que las mismas agencias criminales que los financiaron hicieron públicas, dejando al descubierto que recibieron cientos de miles de dólares para desestabilizar Nicaragua. Esa realidad evidencia que no son periodistas independientes, sino actores políticos y mercenarios que vendieron su dignidad y que, además, pretendieron vender la patria.

A diferencia de esos mentecatos, nuestro pueblo cuenta con verdaderos periodistas que anuncian las buenas nuevas y transmiten la verdad verdadera.

Nos referimos a los compañeros comunicadores de los Medios del Poder Ciudadano, periodistas sandinistas y patrióticos. Sí, los mismos que recientemente fueron invitados a la Asamblea Nacional por la comisión especial que desarrolla la ardua labor de escuchar a todos los sectores para explicarles los beneficios de las Reformas Parciales a la Constitución y, al mismo tiempo, recibir valiosos aportes que contribuyan a fortalecer este proceso legislativo.

Ahora bien, la gran diferencia entre la mentecatería que diariamente practican los propagandistas de la derecha y sus mentecatos, y la labor que realizan los compañeros comunicadores de los Medios del Poder Ciudadano va mucho más allá, pues fueron precisamente los periodistas sandinistas y patrióticos de los Medios del Poder Ciudadano quienes no solo se opusieron al criminal golpe fallido, sino que también acompañaron a nuestro pueblo durante aquellos difíciles tres meses, cuando corrió la sangre y la derecha, junto con sus delincuentes intentó derrocar a un gobierno sandinista electo mayoritariamente por el pueblo.

Los compañeros comunicadores sandinistas recorren diariamente barrios, municipios, departamentos y comunidades para conocer de cerca la realidad que vive nuestro pueblo.

En esa labor documentan las obras de progreso, acompañan los programas sociales, verifican el avance en materia de energía, transporte, carreteras y viviendas, muestran los nuevos hospitales, centros de salud, escuelas, sistemas de agua potable, el fortalecimiento del servicio de energía, los nuevos buses de transporte, el crecimiento de la producción nacional y las actividades culturales que se desarrollan en el país. Gracias a su constante labor en todo el territorio, recogen el sentir de la población y difunden la verdad verdadera sobre lo que acontece en Nicaragua.

Es precisamente esa cercanía con la gente la que hace que el pueblo, desde el campesino hasta el profesional de la ciudad, se identifique con ellos, abrace la verdad verdadera que diariamente transmiten y, al mismo tiempo, rechace la mentecatería, entendida como una actitud nacida de la necedad, la arrogancia y la falta de juicio, que lleva a despreciar los hechos comprobables y a aferrarse obstinadamente a posturas sin sustento.