La enfermedad por hígado graso asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, se ha convertido en un importante problema de salud debido a su relación con la obesidad, la diabetes tipo 2, el colesterol elevado y la hipertensión. Uno de sus principales riesgos es que puede avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes.

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La alimentación desempeña un papel fundamental en la prevención y el control de esta enfermedad. Entre los productos que conviene limitar se encuentran las bebidas con azúcares añadidos, como gaseosas, jugos industrializados, bebidas energéticas, tés endulzados y cafés con jarabes. El exceso de azúcar puede favorecer la producción y acumulación de grasa en el hígado.

También es recomendable reducir el consumo frecuente de alimentos fritos, harinas refinadas, pan blanco, arroz blanco, snacks y otros productos ultraprocesados. Estos alimentos pueden aportar grandes cantidades de grasas poco saludables, azúcares y carbohidratos de rápida absorción, factores relacionados con un mayor riesgo de alteraciones metabólicas.

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En cambio, los especialistas recomiendan priorizar una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y semillas. El aceite de oliva y otras fuentes de grasas insaturadas pueden utilizarse en reemplazo de grasas saturadas. Este tipo de alimentación, similar al patrón de la dieta mediterránea, aporta fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos que favorecen la salud metabólica.

Entre las bebidas, el agua debería ser la principal opción. El café sin exceso de azúcar también puede formar parte de una alimentación saludable, ya que algunas investigaciones lo han relacionado con beneficios para el hígado. Lo importante es evitar convertirlo en una fuente de azúcar mediante jarabes, cremas o grandes cantidades de endulzantes.

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El alcohol también requiere especial atención. Las recomendaciones médicas aconsejan reducir su consumo al mínimo y, en personas con enfermedad por hígado graso, consultar con un profesional de la salud sobre si debe evitarse por completo.

Además de cuidar la alimentación, mantener un peso saludable y realizar actividad física de manera regular son medidas importantes. En quienes ya presentan hígado graso, una reducción moderada del peso puede ayudar a disminuir la acumulación de grasa en el órgano y mejorar la salud metabólica, aunque el objetivo debe adaptarse a las condiciones de cada persona.

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El hígado graso puede permanecer silencioso y descubrirse mediante análisis de sangre o estudios de imagen realizados por otros motivos. En algunos casos puede provocar cansancio, malestar o molestias en la parte superior derecha del abdomen. Si la enfermedad progresa, puede aparecer inflamación y evolucionar hacia fibrosis, cirrosis y otras complicaciones.

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Por ello, reducir el consumo de azúcar y ultraprocesados, elegir alimentos frescos, incorporar más verduras, legumbres, pescado y cereales integrales, mantener actividad física y controlar factores como el peso, la diabetes y el colesterol son algunas de las principales medidas para proteger la salud del hígado.