La devoción a la Virgen María está tan arraigada en Nicaragua que, a mediados de este octubre, todos los mercados capitalinos ya ofrecen una gran variedad de productos tradicionales para celebrar La Purísima, entre ellos vasos, panas, baldes, jarras, escobitas de palma, canastitas tejidas, pitos de carrizo, matracas, chischiles y bolsas de caramelos. Las familias encuentran en estos establecimientos los artículos que compartirán durante los rezos y posteriormente en la Gritería, cuando las calles se llenarán de cantos dedicados a la Inmaculada Concepción, y aunque todavía faltan varias semanas para diciembre, estos preparativos reflejan la profunda fe de los nicaragüenses, quienes han conservado durante generaciones esta tradición cristiana y se disponen a honrar a la Madre de Jesucristo con devoción, alegría y la paz que garantiza nuestro Buen Gobierno Sandinista a todo el pueblo.
El 28 de noviembre comenzarán las novenas de la Purísima, dedicadas a honrar a la Virgen María durante nueve días de rezos y cantos propios de la fe católica, mientras en los hogares se levantarán altares con flores, luces y hermosos adornos alrededor de su imagen, donde las familias rezarán el rosario y entonarán canciones como «Salve Azucena Divina», «Tu gloria, tu gloria» y «Por eso el cristianismo», melodías que han sido parte de esta celebración desde hace más de un siglo. Para la Iglesia católica, la Inmaculada Concepción significa que María, elegida por Dios para ser la madre de Jesucristo, fue concebida sin pecado original, creencia que da sentido a esta devoción y a los días de oración en que los creyentes presentan sus peticiones, agradecen las bendiciones recibidas y le encomiendan la salud de sus seres queridos, antes de dar paso a la Gritería la noche del 7 de diciembre y a la festividad religiosa de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre.
La historia de María comienza en Nazaret, donde, según el relato bíblico, recibió la visita del ángel Gabriel, quien le anunció que daría a luz a Jesús, noticia que aceptó con humildad al responder: «He aquí la sierva del Señor», palabras que expresan su confianza y obediencia a la voluntad de Dios. Desde el nacimiento de su hijo en Belén, estuvo presente en su crecimiento y lo acompañó durante los momentos más importantes de su vida, conservando en su corazón sus enseñanzas y permaneciendo a su lado incluso cuando tuvo que enfrentar el dolor de verlo crucificado, pues fue al pie de la cruz donde Jesús le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», refiriéndose al discípulo Juan, a quien también le expresó: «Ahí tienes a tu madre». Después de la resurrección, continuó junto a los primeros cristianos, cuando comenzaba a formarse la Iglesia, y su historia fue transmitiéndose a través de los siglos hasta llegar a distintas partes del mundo, incluyendo nuestras tierras pinoleras, donde la veneración a la madre de Jesucristo fue adquiriendo características propias que dieron origen a las celebraciones religiosas que conocemos en la actualidad.
La historia de la devoción mariana en nuestro país conserva entre sus primeros relatos la llegada de una imagen de la Virgen al puerto de El Realejo, en Chinandega, en 1562, cuando un viajero que pretendía llevarla hasta Perú tuvo que detenerse debido a una tormenta, mientras los habitantes del lugar le pidieron que la dejara entre ellos y, según cuenta la tradición, otra tempestad obligó a regresar la embarcación cuando intentó continuar su viaje, hasta que finalmente la imagen permaneció en El Viejo, donde comenzó a recibir la veneración de sus habitantes. Con el paso de los años, los frailes franciscanos promovieron los rezos en León, donde esta costumbre fue creciendo entre las familias hasta que la Guerra Nacional, en la que liberales y conservadores terminaron uniéndose contra el filibustero estadounidense William Walker, interrumpió las celebraciones, pero tras su derrota en 1857, el sacerdote Gordiano Carranza, de la iglesia San Felipe, animó a los vecinos a recuperarlas, invitándolos a recibir en sus propias casas a quienes quisieran cantarle a la Inmaculada Concepción, pues los templos ya no tenían suficiente espacio para tantos fieles, dando paso a los recorridos de vivienda en vivienda que dieron forma a la Gritería, extendida posteriormente por distintas ciudades del país.
De las visitas de casa en casa promovidas en León nació también el grito que distingue esta celebración: «¿Quién causa tanta alegría?», al que la gente responde: «¡La Concepción de María!», palabras que originalmente servían para que los grupos se reconocieran entre sí y que terminaron convirtiéndose en parte de la identidad religiosa de los nicaragüenses. Cada 7 de diciembre, a las seis de la tarde, el obispo anuncia tradicionalmente desde la Catedral el comienzo de La Gritería, acompañado por el repique de campanas, la música y la pólvora, mientras las familias salen a recorrer las calles para cantar frente a las imágenes de la Virgen. León conserva además otra celebración conocida como la Gritería Chiquita, que se realiza cada 14 de agosto y cuyo origen se remonta a 1947, cuando la erupción del volcán Cerro Negro llevó a los habitantes a pedir la protección de la Virgen de la Asunción ante la caída de cenizas y el peligro que amenazaba a la ciudad, siguiendo el llamado del obispo Isidro Augusto Oviedo y Reyes. Según la tradición, después de aquellas oraciones cesó la actividad del Cerro Negro, motivo por el cual los leoneses comenzaron a celebrar esta fecha en agradecimiento, conservando así dos festividades marianas con historias diferentes, pero nacidas de la misma fe.
Junto a los cantos de la Gritería se mantiene la costumbre de entregar la famosa gorra, nombre con el que se conoce el obsequio que reciben las personas que llegan a cantarle a la Virgen, tradición que comenzó con vasos de chicha de maíz para refrescar a los devotos y que fue creciendo con la incorporación de gofios elaborados con maíz y dulce, cajetas de coco, leche y masa, ayote en miel, caña de azúcar, naranjas y limones dulces, alimentos que son parte de nuestras costumbres populares. También se agregaron los carritos, carruseles y otros juguetes de madera elaborados por artesanos de Masaya, que desde hace años se regalan como parte de esta devoción religiosa, mientras las familias fueron aumentando los obsequios según sus posibilidades económicas, conservando el sentido de compartir con los demás, porque la gorra representa la generosidad de las familias que ofrecen lo que tienen y el agradecimiento de quienes reciben estos presentes en honor a la Inmaculada Concepción de María.
En Granada, La Purísima tiene otra manera de celebrarse, especialmente con la tradicional procesión acuática de la Virgen María por las aguas del lago Cocibolca, donde embarcaciones adornadas acompañan su imagen durante el recorrido por las Isletas, en tanto las familias participan con rezos y cantos desde sus lanchas y viviendas cercanas, llevando la devoción a las comunidades que habitan alrededor del lago, y por las calles de la ciudad colonial también se realizan procesiones dedicadas a la Inmaculada Concepción, conservando las costumbres religiosas propias de los granadinos.
En Managua, nuestro Buen Gobierno Sandinista instala cada diciembre hermosos altares dedicados a la Inmaculada Concepción de María en la Avenida de Bolívar a Chávez, elaborados por distintas instituciones con flores, luces, imágenes religiosas y bellos adornos que atraen a numerosas familias para admirarlos, rezar y cantar frente a la Virgen. Sobre el significado de esta celebración, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo ha manifestado: «Vamos a cantar en grande y a celebrar en grande a María, reina de la Paz y reina de los hogares, de la convivencia familiar, armoniosa en nuestra Nicaragua, pidiendo nos siga envolviendo con su manto y como madre continúe protegiendo todos los procesos de restauración de la paz, del trabajo, bienestar, de la alegría y del cariño». La devoción también reúne en su hogar a la Compañera Rosario y al Comandante Daniel Ortega, quienes celebran la Gritería junto a sus hijas, hijos y nietecitos, compartiendo el amor a la Madre de Jesucristo y manteniendo viva la tradición cristiana que cada diciembre une a generaciones de nicaragüenses alrededor de La Purísima, con fe, esperanza y paz. ¡Que viva la Virgen! ¡Que viva María de la Paz!
