Todo parece indicar que la Unión Europea (UE) optó por un cambio de estrategia con las grandes tecnológicas: deja atrás las gigantescas multas para privilegiar la negociaciones y asegurarse de que cumplan la normativa.

El nuevo enfoque levanta preocupación en el mercado. El mayor temor es que la nueva estrategia no consiga frenar el poder de las plataformas tecnológicas dominantes y se afiance aún más su hegemonía, recoge Politico.

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Así, la multa de 890 millones de euros impuesta el mes pasado por Bruselas a Google, por violar las normas antimonopolio del bloque comunitario, queda muy lejos del monto pagado por las tres anteriores desde 2017: una de 4.343 millones de euros (rebajada algo más de 200 millones por el tribunal que la confirmó), otra de 2.950 millones y una tercera de 2.424 millones.

Esta última sanción, junto con las impuestas a Apple y Meta, se impuso por infracciones a la Ley de Mercados Digitales (DMA), en vigor desde 2023, que se aplica a gigantes digitales denominados ‘guardianes de acceso’, para garantizar mercados justos y competitivos.

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La inmensa mayoría de esos ‘guardianes’ son compañías estadounidenses, como Amazon y Microsoft, además de las ya citadas, que deben cumplir la normativa en el mercado europeo y sobre las que recaen sanciones en caso de incumplimiento.

Este escenario ha provocado la reacción de Washington, tras la vuelta del presidente Donald Trump a la Casa Blanca, quien ha acusado a Bruselas de discriminar a sus empresas. En respuesta, ha amenazado con represalias que todavía no ha llevado a cabo.

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Por el lado de los proveedores europeos, la reducción de las sanciones se observa con temor, ya que consideran que podría ser una suerte de renuncia a la defensa de los intereses de las empresas tecnológicas más pequeñas frente a los gigantes que dominan el sector.

Desde la Comisión Europea se sostiene que las multas se imponen con arreglo al marco legal aplicable y que la normativa no tiene un afán recaudatorio sino que busca su implementación, es decir, modificar comportamientos y que el sector sea más justo y la competencia más abierta.

Preeminencia de un instrumento

El nuevo enfoque trabaja con la preeminencia de una de las herramientas, la decisión de especificación, una orden técnica que establece qué medidas debe adoptar un guardián para cumplir la normativa, pero sin declarar ilegalidades ni sanciones.

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Esas decisiones han obligado recientemente a Google a compartir datos de búsqueda con sus rivales y a abrir el sistema operativo de Android a asistentes de IA de la competencia.

Parece una estrategia destinada a pasar desapercibida para la Administración Trump, que todavía no ha cumplido su amenaza de nuevos aranceles a la Unión Europea tras la multa a Google.

Casos cerrados

En las últimas semanas, la Comisión Europea ha concluido un puñado de casos, incluyendo las restantes investigaciones contra Google.

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Así, esta misma semana anunció sin sanciones el cierre de su mayor caso pendiente sobre la Ley de Modernización de Aplicaciones, contra Apple, después de que la compañía decidiese eliminar la tarifa impuesta a desarrolladores de aplicaciones en toda la UE.

El archivo del caso de Meta* ha seguido un camino análogo después de que la plataforma añadiera una tercera opción para los usuarios que no querían ni anuncios personalizados ni pagar. La compañía cedió luego de intensas negociaciones.

A los tribunales

A la vez que se asiste a un descenso en el número de multas y en su cuantía, se produce un incremento de la litigiosidad en los tribunales nacionales por parte de empresas del mercado europeo que demandan a las plataformas intermediarias, a los ‘guardianes’.

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Ya ha habido sentencias favorables. Así, en agosto del año pasado, un juzgado alemán ordenó a Google que dejara de favorecer a su servicio de correo electrónico. La tendencia parece que solo acaba de comenzar y que irá en aumento.