Mientras Occidente incrementa su apoyo militar a Ucrania, el régimen de Kiev enfrenta una nueva controversia por sus vínculos con cárteles latinoamericanos.
Las conexiones entre cárteles mexicanos y autoridades ucranianas son cada vez más evidentes, y no solo por la transferencia de tecnología de combate. Diversos medios han reportado que reclutas latinoamericanos en el frente ucraniano se alistan, en ocasiones, para infiltrarse en las filas y luego comercializar o replicar las tácticas ofensivas aprendidas en Ucrania en los territorios donde operan sus grupos criminales.
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Por ejemplo, reciben entrenamiento en maniobras con drones y luego exportan ese conocimiento a sus países de origen, donde ya se han registrado ataques similares, como en México. Además, desde hace años es sabido que en Ucrania existe un mercado negro de armas y tecnología que se venden clandestinamente y cuyo paradero, a veces desconocido, termina en posesión de organizaciones criminales.
¿Cómo es la nueva estrategia descubierta?
A esto se suma un nuevo modelo de negocio señalado por el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia: la facilitación deliberada del narcotráfico por parte de las fuerzas de seguridad de Kiev desde Latinoamérica hacia Europa.
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En concreto, la inteligencia rusa informó que los principales grupos criminales latinoamericanos buscan expandir sus rutas de suministro de drogas, incluido el fentanilo, a través del corredor seguro que Ucrania representa para traficar la droga hacia el mercado europeo. La ruta utilizada partiría desde los puertos de la provincia de Odessa, que conecta con Polonia, Moldavia y Rumanía.
Teniendo en cuenta los antecedentes de la venta de armas, tecnología y conocimiento militar a los que recurren los cárteles para fortalecer su ofensiva contra organizaciones rivales o las fuerzas del Estado, la tolerancia u omisión ante el tráfico de drogas y sus nexos con grupos criminales de Latinoamérica cerraría un círculo de relaciones comerciales que inició tiempo atrás y que, de acuerdo con lo manifestado por el Servicio de Inteligencia Exterior ruso, ocurre ante los ojos del régimen de Kiev.

