Un nuevo estudio ha permitido acercarse a la identificación de los restos humanos encontrados en un sarcófago romano descubierto hace más de 150 años en los terrenos de la Abadía de Westminster, en Londres, informa Live Science.

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El arqueólogo de la abadía, Warwick Rodwell, ha determinado que los restos pertenecen a un monje medieval de alto rango, según los resultados de su estudio, publicados en la Revista de la Asociación Arqueológica Británica.

En 1869, el maestro cantero de la Abadía de Westminster descubrió un sarcófago de piedra en los terrenos del monasterio. La tapa estaba decorada con una cruz anglosajona del siglo XI, pero la base tenía una inscripción funeraria romana del siglo IV tallada en el lateral en latín, que decía: «En memoria de Valerio Amandinus. Valerio Superventor y Marcelo lo hicieron para su padre».

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La identidad del difunto permaneció desconocida durante casi 150 años, ya que nadie creía que se hubieran conservado huesos en su interior. Cuando el ataúd de piedra se abrió para su conservación en 2016, y se descubrió un esqueleto completo, se convirtió en la clave del misterio, explicó Rodwell. 

Aunque el esqueleto había sufrido alteraciones a lo largo de los años se había formado accidentalmente un agujero en el cráneo y los huesos de los brazos y las piernas estaban desordenados, era evidente que se trataba de un hombre de mediana edad y estatura media, según apuntó el bioarqueólogo James Langthorne en un informe de 2016. 

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El hombre también presentaba signos de osteoartritis, dos fracturas de costillas ya curadas y gota. La datación por radiocarbono de los huesos los situó entre 987 y 1052, confirmando así que el sarcófago romano había sido reutilizado en la Edad Media.

A pesar de la falta de ajuar funerario, que pudo haber sido robado a principios del siglo XIX, «casi con toda seguridad era un abad» a quien se le dio un entierro digno en un sarcófago de piedra con una gran cruz, apuntó Rodwell.

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Rodwell señala a Ælfwig, quien dirigió la abadía como abad y falleció alrededor del año 1020, como el principal candidato. La segunda opción es su sucesor, Woolnoth, quien murió en 1049 y probablemente también fue enterrado en el monasterio. En aquel entonces, Westminster era benedictino.

«El hecho de que Ælfwig ya fuera monje en Westminster podría jugar a su favor», supuso.

Algunas preguntas siguen sin respuesta. Por ejemplo, no está claro por qué se reutilizó un sarcófago romano del siglo IV para el entierro de un abad del siglo XI. Se trata de una práctica sumamente inusual; nunca se ha encontrado nada parecido, según el autor.

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Una posible explicación reside en la inscripción latina, cuya primera palabra «memoriae» (memoria) sugiere que el propio Valerio Amandino fue un cristiano primitivo.

Sin embargo, todo esto son meras hipótesis, ya que, lamentablemente, «no se sabe nada sobre su trayectoria», señaló el arqueólogo.