Muy querida Compañera Presidenta Rosario:

Reciba mi saludo, mi cariño y mis oraciones, con el afecto sincero de quien, desde su vocación sacerdotal, mira con esperanza el caminar de nuestra Nicaragua.

Quiero decirle algo que nace de lo más profundo de mi corazón: siempre la escucho. Y cada vez que escucho sus palabras siento una alegría inmensa al oír esa voz que, día tras día, habla de Nicaragua con amor, con esperanza, con confianza en Dios y con ese profundo sentido de servicio a nuestra Patria.

Ayer, 29 de septiembre, escuchándola en Multinoticias, hubo palabras que volvieron a tocar mi corazón: “Cuidar la Paz, cuidar la Seguridad, cuidar la Estabilidad, e ir Siempre Más Allá, en Paz, procurando el Bienestar de Tod@s”.

Qué hermoso es escuchar hablar de paz cuando se habla desde el deseo de que las familias puedan vivir tranquilas, que nuestros niños puedan estudiar, que nuestros jóvenes puedan abrirse camino, que los enfermos puedan encontrar atención y que cada familia pueda mirar el futuro con esperanza.

Y permítame decirle algo desde mi fe: yo veo en usted a una mujer según el corazón de Dios, una mujer que ha sabido hacer de la palabra un instrumento para transmitir esperanza, ánimo y confianza. Veo en sus palabras una sensibilidad especial hacia el sufrimiento de las familias, hacia los niños, hacia los jóvenes, hacia los enfermos y hacia quienes más necesitan una mano amiga.

Hay en usted, compañera Rosario, una bondad que se expresa en el deseo permanente de servir, y creo que cuando una persona coloca su vida al servicio de los demás, Dios mira ese esfuerzo y derrama sus bendiciones.

En estos días, precisamente, estoy rezando la Novena en honor de mi Seráfico Padre San Francisco de Asís, aquel santo de la paz, de la fraternidad, de la sencillez y del amor a los pobres y a toda la creación. Fue en su Orden, como fraile capuchino, donde tuve la gracia de formarme y recibir el don del sacerdocio. Y sé, porque la he escuchado y porque conozco su sensibilidad, que usted le tiene un cariño y una admiración muy especiales a San Francisco de Asís.

Mientras rezo esta Novena, he tenido también muy presente a Nicaragua, a nuestras familias y a ustedes, quienes tienen la responsabilidad de conducir y servir a nuestra Patria. Y recordé una fotografía del año 2017, que quiero compartirle con especial cariño. Adjunto esa fotografía para que pueda verla.

En ella aparezco junto a miembros de la Dirección General del Honorable Cuerpo de Bomberos, llevando una reliquia del Padre Pío. Aquella noche vivimos una hermosa Vigilia de oración, unidos en la fe y poniendo en las manos de Dios nuestras súplicas, especialmente por ustedes nuestros gobernantes y por Nicaragua.

Guardo aquella fotografía con mucho cariño porque representa algo que ha estado siempre presente en mi ministerio: orar por Nicaragua, orar por la paz y orar por quienes sirven a nuestra Patria.

Y quiero decirle algo muy personal, compañera Rosario: ustedes, nuestros copresidentes, siempre han estado en mi corazón y en mis oraciones. No como una simple expresión, sino como parte de esa responsabilidad espiritual que siento como sacerdote ante Dios por nuestra Nación.

Por eso, mientras camino estos días espirituales hacia la fiesta de San Francisco, vuelvo a poner a Nicaragua en oración y pido al Señor que nos conceda aquello que usted misma nos recordó ayer: saber cuidar la paz, la seguridad y la estabilidad, y procurar siempre el bienestar de todos.

Creo que Nicaragua tiene una profunda raíz creyente. Nuestro pueblo sabe caminar detrás de sus Santos, llevar sus promesas, cantar, celebrar, agradecer y poner sus esperanzas en Dios. Por eso me alegró escucharla hablar de San Jerónimo, de Masaya, de León, de Sutiaba, de nuestras procesiones y de nuestras tradiciones.

Camina detrás de sus Santos.
Camina con sus familias.
Camina con sus esperanzas.
Camina con sus dolores.
Camina con su fe.

Y Nicaragua también está llamada a caminar detrás de la paz.

También me alegra contemplar cómo nuestra tierra va avanzando en tantos ámbitos de la vida nacional. Cada obra que busca llevar salud, educación, caminos, viviendas, energía, oportunidades y esperanza a las familias puede convertirse también en una expresión concreta de ese deseo de una Nicaragua mejor.

Ayer, cuando habló de los nuevos servicios de salud, de los hospitales, de las unidades de tomografía, de resonancia magnética y, particularmente, de las nuevas etapas del Centro Oncológico Dr. Juan Ignacio Gutiérrez, pensé en cuántas lágrimas de dolor pueden convertirse en lágrimas de esperanza cuando una familia encuentra una puerta abierta para atender a uno de los suyos.

Eso también es servir.

Cuando habló de educación y de nuestros estudiantes, pensé en cuántos sueños comienzan en un aula sencilla y terminan convirtiéndose en profesionales que sirven a su pueblo.

Eso también es sembrar futuro.

Cuando habló de las familias, de las viviendas, de los caminos, de la energía eléctrica, de los programas sociales y de tantas obras que llegan hasta nuestros municipios, recordé aquella expresión suya que tanto me gusta: “Vida Buena”.

Porque al final, de eso se trata: de que nuestro pueblo pueda vivir con dignidad, con esperanza, con seguridad y con la alegría de saber que el mañana puede ser mejor.

Compañera Rosario, gracias por seguir llevando esa palabra de esperanza, esa voz que tantas mañanas y tantas tardes llega a los hogares nicaragüenses. Gracias por seguir hablando de Dios, de la paz, de la familia, de la solidaridad y de ese futuro que todos deseamos para nuestra Patria.

Que Dios siga concediéndole sabiduría, fortaleza y sensibilidad para continuar sirviendo a Nicaragua.

Que el Señor de la Historia siga acompañando nuestra tierra.

Que María Santísima, bajo esa hermosa advocación de la Purísima Concepción de María, tan profundamente amada por nosotros los nicaragüenses, extienda su manto sobre nuestra Patria.

Y que San Francisco de Asís, mi Seráfico padre, hombre de paz y fraternidad, interceda por Nicaragua y nos ayude a ser instrumentos de paz allí donde más se necesite.

Reciba mi abrazo respetuoso, mis oraciones y mi reconocimiento sincero por esa entrega cotidiana que usted expresa en sus palabras y en su servicio a Nicaragua.

Con afecto filial, 
Yáder José Salmerón Silva.
Siempre al Frente y Más Allá.