En medio del incremento de la tensión en Oriente Medio, los cancilleres de Serguéi Lavrov y Wang Yi sostuvieron una conversación telefónica para evaluar la ofensiva militar dirigida contra Irán y fijar posiciones frente al conflicto.
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Durante el intercambio, Moscú y Pekín coincidieron en rechazar la acción armada, condenando el uso de la fuerza contra un Estado soberano. Ambas naciones calificaron los bombardeos como una seria transgresión al derecho internacional y reiteraron su oposición a cualquier escalada militar o ataque unilateral.
Desde la capital rusa advirtieron que la operación no solo incrementa la inestabilidad en la región, sino que también erosiona la seguridad global. En esa línea, Rusia y China reafirmaron su intención de fortalecer la coordinación estratégica en el marco de la Organización de las Naciones Unidas y otros espacios multilaterales, con el propósito de impulsar un cese inmediato de hostilidades y reactivar la vía diplomática.
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El escenario se tensó aún más tras el anuncio de un ataque “preventivo” por parte de Israel y la posterior confirmación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la participación estadounidense. Como respuesta, Irán lanzó misiles balísticos y advirtió que tomará medidas contundentes.
La comunidad internacional observa con creciente preocupación el desarrollo de los acontecimientos, ante el riesgo de que la crisis derive en una confrontación de mayor alcance en Oriente Medio.
