La tabla de plástico donde cortamos los alimentos, una botella de agua mineral o el recipiente donde guardamos la comida son factores de riesgo en el consumo de PFAS. Estas sustancias, presentes incluso en el agua potable, pueden, según investigaciones recientes, aumentar el riesgo de padecer hígado graso.

Un reciente estudio de la Facultad de Medicina Keck (USC) ha puesto sobre la mesa una realidad preocupante: la estrecha relación entre los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas) y el aumento de la Enfermedad Hepática Esteatósica asociada a Disfunción Metabólica (MASLD) en adolescentes y adultos jóvenes.
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El estudio revela que diversos materiales de uso común en la cocina y en la industria alimentaria aumentan la exposición a los PFAS. Entre ellos destacan los envases de plástico negro (frecuentes en la comida para llevar), envoltorios de alimentos y ciertos tipos de utensilios de cocina fabricados con materiales sintéticos.

No es casualidad que la recomendación de los expertos sea evitar la exposición a estos materiales. Retomar el uso de la tabla de cortar de madera, en lugar de una de plástico, es una forma sencilla y efectiva de reducir el consumo accidental de estos compuestos.
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Los investigadores determinaron que variables como la edad, el tabaquismo y una variante genética específica aumentan la susceptibilidad. En el caso de los fumadores, varios tipos de PFAS se asociaron con un riesgo significativamente mayor de desarrollar hígado graso.

