El director de la Oficina de Medicina Forense de Irán, Abbas Masjedi Arani, informó este jueves 9 de abril que la agresión militar conjunta de Estados Unidos e Israel dejó más de 3.000 muertos en la nación persa.

A través de un informe el funcionario detalló que los ataques sistemáticos contra zonas residenciales perpetrados desde el inicio de la ofensiva israelí-estadounidense el 28 de febrero, dejaron 220 niños asesinados en solo 40 días, de ellos 18 menores de cinco años. Además se reportaron 257 mujeres asesinadas.

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El reporte oficial reveló que la coalición agresora causó heridas a casi 2.000 menores y 5.000 mujeres, saturando los centros médicos con un total de 30.205 heridos atendidos hasta la entrada en vigor del actual alto el fuego de dos semanas.

Arani subrayó que la magnitud de la ofensiva generó una crisis humanitaria de proporciones devastadoras en diversas regiones del país. La gravedad de la agresión se refleja en que aproximadamente el 40 por ciento de los cuerpos recuperados resultaron irreconocibles tras los impactos, lo que exigió un esfuerzo técnico sin precedentes por parte de la Organización de Medicina Forense.

El Gobierno iraní destacó que, gracias a la capacidad de sus especialistas, se logró la identificación de los restos para ser devueltos a sus familiares en medio del luto nacional.

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Esta denuncia resalta el impacto de las acciones bélicas de la Administración de Washington y su aliado Israel, quienes mantienen una postura de asedio que atenta contra la soberanía y la vida de la población civil.

La infraestructura sanitaria de la nación persa sufrió daños significativos que el Gobierno iraní calificó como crímenes de lesa humanidad ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Al menos ocho hospitales fueron evacuados por completo debido a ataques directos o riesgos de seguridad, mientras que 49 centros médicos y 226 instalaciones sanitarias reportaron afectaciones severas.

La Administración sanitaria denunció que la destrucción alcanzó a 41 ambulancias y 55 estaciones de emergencia, dejando inoperativos servicios vitales para la población civil. Teherán y la provincia costera de Hormozgán se identificaron como los puntos con mayor registro de víctimas mortales por los bombardeos.

El personal de salud, considerado defensor de la vida bajo el derecho internacional, también resultó blanco de la violencia enemiga con un saldo de 26 trabajadores fallecidos y 118 heridos.

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Irán exigió que los responsables de estos ataques contra instalaciones civiles rindan cuentas ante la comunidad internacional, subrayando que el asedio de la coalición estadounidense-israelí constituye una violación flagrante a la soberanía y los derechos humanos.

Pese a la tregua actual, la escala de la devastación física y humana en los centros hospitalarios refleja una estrategia de exterminio contra las capacidades de respuesta del pueblo iraní.

 

Fuente: teleSUR