La Unión Europea busca contener una crisis de fertilizantes que amenaza con trasladarse a los precios de los alimentos y, para reducir su exposición al gas ruso, plantea aumentar el uso de estiércol de vaca y otros residuos ganaderos, además de desechos agrícolas, como abono, informó Politico.
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La Comisión Europea presenta esta semana un plan para reforzar el suministro, aunque el reporte señala que se apoya principalmente en cambios regulatorios de largo plazo, no en medidas inmediatas para el alza de costos.

Según Politico, Europa produce gran parte de sus fertilizantes a partir de gas importado y, tras el cierre del estrecho de Ormuz a finales de febrero, los precios del gas subieron y el mercado global de fertilizantes se ajustó, situando los precios alrededor de 70 % por encima de los niveles de 2024.
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En ese contexto, borradores del plan obtenidos por el medio incluyen ajustes a normas existentes, como disposiciones de la Directiva de Nitratos, que regula los fertilizantes ricos en nitrógeno derivados de estiércol animal procesado, y la extensión de algunas reglas a los digestatos, subproductos del biogás, mientras Bruselas deja fuera medidas rápidas, como suspender aranceles a importaciones desde Rusia y Bielorrusia o pausar el gravamen europeo a importaciones intensivas en carbono.
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La eurodiputada Veronika Vrecionová, presidenta de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, criticó el enfoque. «Los agricultores esperaban una acción audaz. Las hojas de ruta no pagan las facturas. Los agricultores necesitan acción, no intenciones», manifestó.

En la misma línea, José María Castilla, de la organización agraria española ASAJA, advirtió: «Los agricultores europeos no pueden esperar otra hoja de ruta de largo plazo mientras los costos de producción siguen subiendo y la capacidad europea de fertilizantes continúa desapareciendo». Añadió que la crisis «no es solo de precios», sino de «autonomía estratégica, seguridad alimentaria y supervivencia de la agricultura europea».
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La actual escalada en Oriente Medio disparó los precios del petróleo y del gas y, como resultado, países europeos se enfrentan a una energía todavía más cara, con presión sobre los hogares y las empresas, cierres industriales, despidos y una economía cada vez más debilitada. La situación se agrava debido a que se produce en un momento crucial, cuando Europa busca asegurar su suministro sin comprometer los objetivos del Pacto Verde.
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El presidente Vladímir Putin indicó en octubre del año pasado que la renuncia a la energía rusa ha provocado una cadena de efectos negativos para la economía en Europa, como la caída de la facturación industrial, el aumento de precios por el petróleo y el gas transoceánicos más costosos y una pérdida de competitividad de los productos europeos y de la economía en general.


