DETALLES DEL MOMENTO: DEMANDAMOS RESPETO
Por: Moisés Absalón Pastora.
Nicaragua demandó el pasado martes en el máximo foro planetario, en un debate para la que fue convocada sobre “los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas”, planteados en un plenario de alto nivel, la eliminación incondicional y completa de todas las medidas coercitivas unilaterales que sólo significan medidas de presión y constituyen crímenes de lesa humanidad.
“La vigencia de esta carta se ve desafiada en estos tiempos y de manera sistemática por las prácticas y medidas de quienes intentan subordinarla a sus agendas e intereses hegemónicos. Esta práctica atenta directamente contra la paz, el desarrollo y la seguridad de nuestros pueblos, la pobreza, las guerras, el cambio climático y la imposición de ilegales medidas coercitivas, unilaterales que constituyen crímenes de lesa humanidad, atentan contra el derecho al desarrollo de todos los pueblos, el derecho a la salud, la educación, la alimentación y la vida misma de pueblos enteros”, destacó la Copresidenta Rosario Murillo al informar sobre la posición de nuestro país ante el plenario de la ONU.
Sobre el tema detallo que la posición expresada desde el pódium por el Cocanciller Valdrack Jaentschke fue una iniciativa de la República Popular China y acogida por muchas naciones que están conscientes de defender los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, con el fin de fortalecer el sistema internacional bajo los preceptos de orden y respeto.
En su comparecencia, Valdrack Jaentschke enfatizó sobre el nacimiento de una era basada en la solidaridad a través de la República Popular China, de quien surge la iniciativa y quien asumió durante este mes la Presidencia del Consejo de Seguridad para mostrar y propugnar un modelo de integración global a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que ofrece a los países en desarrollo, mecanismos de cooperación basados en el respeto y la no interferencia en los asuntos internos.
La posición de Nicaragua dejó sentada su hermandad y solidaridad con Cuba, sumándose a la urgente necesidad de hacer valer la decisión de los pueblos del mundo de vivir en seguridad y paz.
Nicaragua ante los foros internacionales desde donde la tribuna permite hacer expresar con fuerza y razón la visión que del mundo tiene, ha sido una promotora y gestora del respeto al derecho, a la igualdad, la autodeterminación entre los gobiernos instando siempre al diálogo como vía civilizada para dirimir cualquier diferencia.
Por eso mismo cuando de asuntos delicados se trata, cuando conscientes del punto débil por donde puede romperse el hilo, cuando tenemos certeza de lo que significa la sabiduría y el sentido común que determina que nunca la fuerza es más que la razón, lo que uno hace, es tocar los temas de altísima importancia y riesgo con responsabilidad, en frio, con altura y ciertos que entre estados todos tenemos un mismo valor, un mismo lugar, independientemente de los tamaños y eso lo debe validar la diplomacia como instrumento.
El debate de las ideas, las posiciones que con respecto a algo se puedan tener, la discusión existente entre lo tuyo o lo mío, sobre sí estás haciendo bien o mal, son aspectos en suma delicados que ameritan ser tratados para convencer y no imponer porque las posiciones de fuerza, menos cuando tienen su origen en la desinformación, cuando son el producto de una reacción en caliente y nunca meditada, jamás prevalece y menos cuando en nombre de la diplomacia se toma un hacha sin filo y se le parte la cabeza a alguien con la intención de meter en el cerebro de los demás su monumental mentira.
La diplomacia se dice o se decía es la rama de las relaciones internacionales llamada a generar negociaciones para alcanzar acuerdos y procedimientos “pacíficos” entre los países, pero no solo se ciñe a los Estados, sino con organismos y organizaciones.
La diplomacia supone un campo para dirimir o apaciguar conflictos entre estados desde lenguajes refinados y conductas protocolares de alta etiqueta que practican las cancillerías o secretarías de estado a través de un cuerpo diplomático cuyo componente humano está impolutamente distinguido por la alta capacidad de negociación entre embajadores o representantes que están metidos en una burbuja de tolerancia, de paciencia, de paz y tranquilidad tan, pero tan marcada, que cuando uno los llega a tratar personalmente no nos parecen lo humano que ellos creen ser.
La diplomacia de nuestros tiempos ya no es tan diplomática. Antes por lo menos, quizá 50 años atrás, seguramente bajo la influencia de la temerosa atmósfera que dejó la Segunda Guerra Mundial que terminó en 1945, el lenguaje áspero menguo para recomponer a un mundo que a pesar de sus dictaduras y golpes de estado era más respetuoso del derecho internacional que ahora porque comenzó a contar con un instrumento como la Corte Internacional de Justicia que terminó decidiendo por aquellos vencedores que después de haber acabado con Europa se repartieron con cuchara grande lo que quisieron.
Hoy sin embargo veo a un mundo amenazado por quienes ya ni uso de la Haya hacen. Simplemente utilizan plataformas continentales o hemisféricas para lanzarse sobre quienes quieran y son los que han hecho de la diplomacia papel mojado y lo peor, a nombre de la democracia, de la paz, la libertad y la justicia, aunque la verdad verdadera, todos ellos no tengan autoridad moral para avasallar a naciones pequeñas a las que muy colonialmente les pretenden decir qué o qué no hacer.
La diplomacia es una rama importante de las relaciones internacionales y supuestamente tienen como raíz la paz como un valor fundamental de su existencia y bajo ese fin es que surgió la Organización de las Naciones Unidas y desde ella otras sociedades de países continentales como la Unión Europea, la Organización de la Unidad Africana y en nuestro hemisferio la Organización de Estados Americanos que de pasó murió y no se dio cuenta.
Por un tiempo y como consecuencia de los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial, con la finalidad que no existiera una tercera, la diplomacia pretendió ser efectivamente mediadora, pero en la medida que Europa se recuperaba y Estados Unidos se armaba hasta los dientes para dominar el mundo, en esa misma medida la diplomacia se convirtió en el medio facilitador para desestabilizar a aquellas naciones que se tomaron en serio su independencia de manera que los organismos de seguridad y espionaje de Estados Unidos particularmente infiltraron a sus agentes para derrocar gobiernos legítimamente electos.
Qué maravilla la “diplomacia” de los nuevos tiempos, nos quiere sumergidos en el conformismo de admitir que seremos únicamente buenos para ella en la medida que aceptemos que se metan a nuestra casa, que abuse de nuestras mujeres, que comamos de las sobras que decida dejarnos y si se nos quede con el hogar y sino pues a la calle y entonces a callar y callejear porque solo así podremos estar a la altura de las democracias que por sometidas santifica, las mismas que le han arrebatado a nuestros pueblos la paz y la vida.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
