Rusia se prepara este año para desplegar decenas de satélites propios con el objetivo de ampliar su red de banda ancha de órbita baja y ya ha desarrollado un sistema que se perfila como el equivalente ruso de SpaceX y su red Starlink.

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Con este nuevo sistema, Moscú da otro paso hacia la construcción de un paraguas espacial soberano que refuerce la autonomía tecnológica, fortalezca sus capacidades de guerra con drones y mantenga conectado el país en medio de la presión occidental.

Las claves del nuevo sistema satelital ruso

Creado por la empresa aeroespacial rusa Biuró 1440, parte del conglomerado IKS Holding, el sistema Rassvet debutó en 2023 con tres satélites experimentales, seguido de una segunda misión de prueba en 2024. En marzo de este año, Biuró 1440 lanzó el primer lote comercial de 16 satélites.

La tecnología rusa opera en órbita terrestre baja a una altitud de 800 kilómetros. En comparación, los satélites de SpaceX trabajan a unos 550 kilómetros o menos. Esta mayor altitud ofrece varias ventajas:

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  • cada satélite cubre una superficie terrestre más amplia y puede atender a más usuarios;
  • se necesitan menos aparatos para lograr cobertura global;
  • a 800 kilómetros la influencia atmosférica es menor, lo que reduce la necesidad de correcciones orbitales y prolonga la vida útil de los satélites.

La tecnología clave de Rassvet es su sistema de comunicación láser intersatelital, desarrollado íntegramente en Rusia. Los satélites intercambian datos directamente mediante láseres infrarrojos a velocidades de hasta 10 Gbit/s, lo que reduce la dependencia de estaciones terrestres y permite mantener cobertura incluso sobre los océanos y el Ártico.

Rusia acelera el despliegue

El proyecto federal ruso prevé una expansión gradual de la constelación:

  • 156 satélites en 2026;
  • 292 satélites en 2027, coincidiendo con el lanzamiento del servicio comercial;
  • 318 satélites en 2028.

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Hacia 2035, Biuró 1440 podría colocar hasta 900 satélites en órbita. Paralelamente, se está trabajando para crear una constelación de órbita alta en órbita geoestacionaria. El despliegue de este sistema está previsto para 2029-2030. La construcción de los primeros cuatro satélites ya ha comenzado.

¿Qué le aportará este sistema a Rusia?

El equivalente ruso de Starlink puede ser crucial allí donde la infraestructura terrestre es inexistente o donde construirla resulta demasiado costoso, pues abre nuevas posibilidades en sectores que van desde el transporte hasta las operaciones de rescate.

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En el transporte, por ejemplo, los pasajeros podrían acceder a Internet de forma continua durante todo el trayecto. Plataformas petroleras y centrales eléctricas en regiones remotas de Rusia se verían beneficiadas por la conectividad, al igual que los equipos de rescate en zonas de desastre.

Aplicación en combate

Durante una reunión con participantes en la operación militar especial, Vladímir Putin afirmó que Moscú está trabajando en drones pesados de ataque con control satelital. Según el mandatario, esta tecnología no es inferior a Starlink y «puede que incluso la supere en algunos aspectos».

Los drones guiados por satélite son especialmente difíciles de neutralizar mediante guerra electrónica, ya que el sistema Rassvet utiliza una red 5G extraterrestre basada en haces de radio altamente direccionales desde el espacio.

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Este modelo reproduce la lógica del uso que el régimen de Kiev ha dado a los terminales Starlink: coordinación de ataques con drones, intercambio de datos en tiempo real y resistencia a interferencias.

Un hito para la soberanía digital de Rusia

La red de satélites de desarrollo propio de Rusia es, sin duda, uno de los avances más importantes para el país, que se ve afectado por las sanciones occidentales, ya que gran parte de su infraestructura de comunicaciones sigue dependiendo de cables submarinos y terrestres vulnerables, así como de redes de satélites controladas desde el extranjero.

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Rassvet también tiene el potencial de cerrar numerosas brechas de conectividad en todo el vasto territorio de Rusia, incluso en el Ártico, que encierra un enorme potencial como ruta comercial vital a medida que el hielo se derrite debido al cambio climático. La constelación podría impulsar aún más el avance general de Rusia hacia la soberanía digital, basándose en ‘software’, motores de búsqueda y sistemas de pago soberanos.