Cada vez que ingresaba a una sala de partos, la ginecóloga Gisella Perl repetía una oración: “Dios, me debes una vida, un bebé vivo”. Era una forma de enfrentar el recuerdo de Auschwitz, donde durante el Holocausto se vio obligada a interrumpir embarazos para evitar que las mujeres fueran ejecutadas por los nazis.

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Nacida el 10 de diciembre de 1907 en Sighet, entonces parte de Hungría (hoy Rumania), Perl fue una brillante estudiante y una de las primeras mujeres judías en estudiar Medicina. Tras especializarse en ginecología en Berlín, regresó a Hungría, donde ejerció junto a su esposo, el cirujano Ephraim Krauss.

En 1944, después de la ocupación nazi de Hungría, Perl y su familia fueron deportadas al campo de exterminio de Auschwitz. Allí fue obligada a trabajar como médica de las prisioneras bajo las órdenes del médico nazi Josef Mengele. Muy pronto descubrió que las mujeres embarazadas eran enviadas a experimentos médicos y posteriormente asesinadas.

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Frente a esa realidad, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: ocultar los embarazos y practicar abortos clandestinos o inducir partos prematuros para impedir que las madres fueran descubiertas y ejecutadas junto con sus hijos. Años después explicó que actuó convencida de que era la única posibilidad de salvar la vida de las mujeres.

En enero de 1945 fue trasladada al campo de Bergen-Belsen. Allí permaneció hasta la liberación por las tropas británicas en abril de ese año. Tras la guerra confirmó que gran parte de su familia había sido asesinada durante el Holocausto.

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En 1947 emigró a Estados Unidos. Aunque inicialmente fue investigada bajo sospechas de colaboración con los nazis, numerosas sobrevivientes declararon en su defensa y demostraron que había arriesgado su vida para protegerlas.

Perl reanudó su carrera médica en Nueva York, donde trabajó en el Hospital Mount Sinai y se dedicó a la obstetricia y al tratamiento de la infertilidad. Durante su trayectoria ayudó a traer al mundo a cerca de 3.000 bebés, una labor que consideraba una forma de reparar el dolor vivido en los campos de concentración.

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En 1948 publicó I Was a Doctor in Auschwitz, uno de los primeros testimonios sobre la experiencia de una médica judía en los campos nazis y una obra que también abordó la violencia sufrida por las mujeres durante el Holocausto.

En la década de 1980 se trasladó a Israel para reunirse con su hija Gabriella, la única integrante de su familia cercana que sobrevivió gracias a que fue escondida antes de la deportación. Allí continuó colaborando como médica voluntaria hasta su fallecimiento en 1988.

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La historia de Gisella Perl sigue siendo una de las más complejas y conmovedoras del Holocausto, marcada por decisiones extremas tomadas en circunstancias límite para intentar salvar la mayor cantidad de vidas posible.

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