Un equipo de científicos desarrolló un sensor experimental capaz de medir la presencia de dopamina en lágrimas, un avance que podría abrir la puerta a métodos más simples y menos invasivos para monitorear enfermedades neurológicas como el Parkinson.
Leer más: La ciencia explica por qué descansar no es perder tiempo
El dispositivo, presentado en la revista ACS Omega, utiliza un sensor electroquímico basado en grafeno que analiza cambios en los niveles de dopamina, un neurotransmisor fundamental para el movimiento, el aprendizaje y la regulación emocional. En pruebas de laboratorio con lágrimas humanas artificiales, el sistema logró identificar diferentes concentraciones de esta molécula con precisión.

La investigación parte de una idea clave: los cambios en la dopamina podrían ofrecer pistas sobre alteraciones cerebrales antes de que aparezcan síntomas visibles. En la enfermedad de Parkinson, por ejemplo, la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina provoca una disminución de este neurotransmisor.
Quizás te interese: Beneficios de entrenar con mancuernas
Actualmente, la medición de ciertos biomarcadores suele requerir análisis de sangre, orina o procedimientos más complejos. Por eso, las lágrimas representan una alternativa atractiva, ya que pueden obtenerse de forma rápida, sencilla y sin molestias para el paciente.
El sensor tiene un tamaño reducido, similar al de un sello postal, y funciona al generar una señal eléctrica cuando la dopamina entra en contacto con el material conductor. Los investigadores destacan que logró detectar niveles bajos de esta sustancia incluso en presencia de otros componentes habituales de las lágrimas.

Los científicos consideran que este avance podría contribuir al desarrollo de herramientas de monitoreo temprano para enfermedades neurológicas, aunque todavía se necesitan más estudios con muestras reales de pacientes antes de que pueda utilizarse en la práctica médica.
Lee aquí: Tres hábitos que aceleran el envejecimiento
La dopamina es una señal de gran interés porque participa en funciones esenciales del cerebro y sus alteraciones están relacionadas con trastornos neurológicos y psiquiátricos. La posibilidad de analizarla mediante una simple lágrima plantea un futuro en el que pequeños cambios del organismo puedan detectarse mucho antes de que una enfermedad avance.

